Hace pocos días, los partidos políticos que participarán en la contienda electoral del próximo año suscribieron el Pacto Ético Electoral, una iniciativa impulsada —entre otros actores— por el Jurado Nacional de Elecciones, en el marco de las Elecciones Generales 2026. El objetivo era claro: establecer compromisos mínimos de conducta democrática, respeto a las reglas y juego limpio en una campaña que se anticipa altamente fragmentada y conflictiva.
Sin embargo, más allá de los partidos que sí firmaron el pacto, una pregunta resulta inevitable: ¿por qué varias organizaciones políticas decidieron no hacerlo? ¿Qué revela esa negativa sobre su concepción de la democracia, las reglas y la rendición de cuentas?
Un pacto sin sanciones, pero con significado político
El Pacto Ético Electoral fue firmado inicialmente por 29 organizaciones políticas, y un día después se sumó una más. El documento no impone sanciones legales directas; su cumplimiento es supervisado por un Tribunal de Honor que puede emitir exhortaciones públicas. Aun así, su valor no es jurídico, sino político y simbólico.
Así lo explicó Álvaro Henzler, titular de la asociación civil Transparencia, quien subrayó que el pacto no fue un texto impuesto por el sistema electoral, sino una construcción colectiva en la que participaron los propios partidos. Es decir, no se trató de una imposición externa, sino de un compromiso voluntario con reglas básicas de convivencia democrática.
En ese contexto, la negativa a firmar no puede leerse como un simple desacuerdo formal. Es una señal política deliberada.
¿Qué denota no firmar?
Negarse a suscribir un pacto ético mínimo puede interpretarse de varias maneras, ninguna especialmente alentadora:
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Soberbia política, al considerarse por encima de acuerdos básicos compartidos por la mayoría.
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Desconfianza hacia las reglas, o una cómoda ambigüedad frente a su cumplimiento.
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Falta de voluntad de comprometerse públicamente, porque hacerlo limitaría prácticas que se pretende mantener durante la campaña.
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O, en el peor de los casos, una anticipada decisión de no respetar normas elementales, apostando al conflicto, la desinformación o el discurso agresivo como estrategia electoral.
Como señaló Henzler, el hecho de que ocho partidos no hayan firmado “ya le da a la ciudadanía una señal clara de quiénes quieren el respeto a ciertas normas básicas y quiénes están fuera de ellas”.
El problema de fondo: partidos que no quieren límites
En un sistema político debilitado como el peruano, donde muchas llamadas “organizaciones políticas” funcionan más como vehículos electorales temporales que como partidos con institucionalidad, ideología y vida democrática interna, el rechazo a un pacto ético no es anecdótico. Es coherente con una lógica más amplia: no aceptar frenos, no rendir cuentas y no reconocer árbitros.
Este comportamiento resulta especialmente grave en un proceso electoral marcado por la desconfianza ciudadana, el descrédito del Congreso y la fragilidad del Ejecutivo. En ese escenario, comprometerse con reglas mínimas debería ser lo básico. Rechazarlas, una advertencia.
El pacto como herramienta ciudadana
El Pacto Ético Electoral no está pensado principalmente para disciplinar a los partidos, sino para informar a la ciudadanía. Permite a los electores saber quiénes, al menos formalmente, aceptan ciertos estándares de conducta democrática y quiénes prefieren mantenerse al margen.
En política, no firmar también es una decisión, y como toda decisión, tiene consecuencias reputacionales. Los partidos que optaron por no hacerlo deberán explicar —no al JNE ni a Transparencia, sino a los ciudadanos— por qué no quisieron comprometerse con normas que la mayoría consideró razonables.
Democracia sin reglas no es democracia
En una democracia debilitada, los pactos éticos no son un adorno: son líneas de contención frente al deterioro. Rechazarlos no es un acto de rebeldía, sino una señal de desinterés por el juego democrático.
La ciudadanía haría bien en tomar nota. Porque cuando un partido se niega a firmar compromisos básicos antes de llegar al poder, difícilmente los respetará después.
