El artículo de César Hildebrandt desnuda con crudeza la paradoja del Perú: mientras el poder político se atrinchera en pactos de impunidad y en un retorno a prácticas autoritarias que recuerdan a los años 90, millones de peruanos sobreviven en la pobreza y el abandono. Su tesis es clara: el país está capturado por redes mafiosas que buscan blindarse frente a la justicia, reproduciendo un “reino de oscuridad”. Reforzar esta idea implica señalar que la verdadera amenaza no solo está en la corrupción de las élites, sino en la normalización social de estas prácticas, como si fueran parte inevitable del paisaje. Si la indignación ciudadana no se organiza y despierta, el Perú corre el riesgo de repetir su historia más oscura, mientras la desigualdad se convierte en el combustible silencioso de un estallido inevitable.
