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CUSCO: VERÓNIKA MENDOZA ANTE UNA OPORTUNIDAD QUE PUEDE TRASCENDER LA POLÍTICA

Más allá de las diferencias ideológicas y de las críticas que ya comienzan a rodearla, el Perú debería desear que a la nueva autoridad del Cusco le vaya bien. Porque si al Cusco le va bien, al Perú también.

La elección regional del Cusco todavía espera su definición formal. Al 98,856 % de las actas contabilizadas, Verónika Mendoza aparecía en el primer lugar con 30,028 % de los votos válidos, mientras permanecían pendientes de resolución 45 actas observadas. La decisión final de los organismos electorales determinará si la elección se resuelve en primera vuelta o corresponde una segunda jornada. La República

Pero hay algo que quizás debería comenzar a discutirse desde ahora.

¿Qué esperamos de Verónika Mendoza si finalmente asume el Gobierno Regional del Cusco?

La respuesta de Mudo Social no debería comenzar con la sospecha.

Debería comenzar con un deseo:

Que le vaya bien.

Y que le vaya bien no solamente a ella.

Que le vaya bien al Cusco.

Que le vaya bien a sus comunidades.

Que mejoren sus servicios públicos.

Que crezca su economía.

Que sus agricultores encuentren mejores mercados.

Que sus jóvenes tengan más oportunidades.

Que el turismo vuelva a generar prosperidad para más familias.

Y que una gestión regional eficiente pueda demostrar que, más allá de las diferencias políticas, gobernar bien siempre termina siendo una buena noticia para todos.

UNA MUJER QUE LLEGA CON UNA HISTORIA POLÍTICA

Verónika Mendoza no es una improvisada en la política peruana.

Su trayectoria es conocida. Ha participado durante años en la vida política nacional y llegó incluso a disputar la Presidencia de la República.

Ahora, eventualmente, podría asumir una responsabilidad de naturaleza distinta.

Y quizá precisamente allí esté uno de los mayores desafíos de su carrera.

Una cosa es participar en la política nacional, defender posiciones, confrontar ideas y representar una determinada corriente.

Otra muy diferente es administrar un territorio, ejecutar presupuesto, construir infraestructura, mejorar servicios y responder todos los días a las necesidades concretas de la población.

El Gobierno Regional del Cusco será, por ello, un escenario completamente diferente.

Y también una oportunidad.

NO DEBERÍAMOS CONDENARLA ANTES DE QUE GOBIERNE

Resulta preocupante que apenas aparece un resultado electoral empiecen también las descalificaciones.

En los últimos días hemos tenido un ejemplo especialmente desafortunado.

El exalcalde Rafael Santos cuestionó el voto de los cusqueños atribuyéndolo, entre otras expresiones, a una supuesta falta de oxígeno producto de la altura. Sus declaraciones provocaron rechazo y denuncias por presunta discriminación en el Cusco. RPP Noticias

Más allá de las consecuencias que puedan corresponder en el ámbito institucional o judicial, el episodio deja una reflexión política elemental:

No podemos convertir el voto de millones de ciudadanos en motivo de burla o descalificación.

Los cusqueños votaron.

Y votaron de acuerdo con sus convicciones, sus preocupaciones, sus esperanzas y su propia lectura de la realidad.

Eso merece respeto.

También merece respeto Verónika Mendoza.

No porque tenga razón en todo.

No porque todos tengamos que compartir sus ideas.

Sino porque, si finalmente resulta elegida, será la autoridad que los cusqueños habrán escogido para conducir su región.

Y en democracia eso tiene un significado enorme.

EL PERÚ DEBERÍA DESEARLE ÉXITO

Hay algo que deberíamos aprender como país.

El fracaso de una autoridad no debería convertirse en la satisfacción de quienes no votaron por ella.

Si una autoridad que piensa diferente de nosotros fracasa, los primeros perjudicados no son sus adversarios políticos.

Son los ciudadanos.

Son los niños que necesitan mejores escuelas.

Son los pacientes que esperan atención.

Son los agricultores que necesitan carreteras y mercados.

Son los pequeños empresarios que necesitan condiciones para crecer.

Son las comunidades que esperan agua, saneamiento y conectividad.

Por eso, desde una perspectiva nacional, sería absurdo desearle el fracaso.

Todo lo contrario.

Hay que desear que tenga éxito y, al mismo tiempo, que la democracia permita evaluar ese éxito con libertad.

CUSCO NECESITA MUCHO MÁS QUE UNA BATALLA IDEOLÓGICA

La región tiene enormes posibilidades.

El turismo es una de ellas, pero no puede ser la única.

Cusco necesita fortalecer su agricultura, agregar valor a su producción, promover procesos de industrialización donde sean viables y conectar a sus productores con mercados nacionales e internacionales.

Necesita impulsar el emprendimiento.

Necesita mejorar sus carreteras y su conectividad.

Necesita recuperar y ampliar su infraestructura turística.

Necesita fortalecer la educación y la salud.

Necesita que los recursos públicos lleguen efectivamente a donde más se necesitan.

Y necesita algo todavía más importante:

una gestión que sea capaz de convertir las expectativas de la población en resultados concretos.

Ahí estará el verdadero desafío.

UNA OPORTUNIDAD PARA DEMOSTRAR

Para Mendoza, una eventual gobernación del Cusco puede representar una oportunidad política extraordinaria.

No necesariamente para demostrar que una determinada ideología es superior a otra.

Eso sería reducir demasiado el significado de una gestión pública.

Puede demostrar algo más importante:

que una persona con una determinada trayectoria política también puede administrar con eficiencia, escuchar a quienes piensan distinto y construir acuerdos en beneficio de una región diversa.

Puede demostrar que la política también puede convertirse en gestión.

Y que las ideas pueden traducirse en obras, servicios, oportunidades y desarrollo.

LIMA TAMBIÉN TIENE UNA RESPONSABILIDAD

Pero el éxito de Cusco no dependerá solamente del Gobierno Regional.

El Gobierno Nacional tendrá también una responsabilidad fundamental.

No debería existir discriminación política en la asignación de recursos.

Las transferencias que correspondan deben llegar conforme a la ley.

Las competencias regionales deben ser respetadas.

Y la coordinación entre Lima y Cusco debe estar por encima de las diferencias partidarias.

El Gobierno Central no puede pretender sustituir al Gobierno Regional.

Pero el Gobierno Regional tampoco debería convertir cada diferencia con Lima en una confrontación.

El Perú necesita cooperación entre sus niveles de gobierno.

No una guerra política permanente.

UNA VENTANA PARA MIRAR EL FUTURO

Quizá por eso la eventual gestión de Verónika Mendoza será observada con tanta atención.

No solamente porque se trata del Cusco.

Tampoco solamente por la trayectoria política de quien podría gobernarlo.

Sino porque puede convertirse en una especie de ventana hacia el futuro de la política peruana.

¿Podrá una lideresa identificada durante años con una corriente política determinada conducir una administración regional eficiente?

¿Podrá construir puentes con quienes piensan diferente?

¿Podrá demostrar que la política puede dejar atrás la confrontación permanente y concentrarse en resolver problemas?

¿Podrá conseguir que salud, educación, agricultura, turismo y desarrollo económico avancen?

Esas son las preguntas que realmente deberían importarnos.

No los insultos.

No las etiquetas.

No los prejuicios.

No las campañas de descalificación.

QUE LE VAYA BIEN, POR EL CUSCO Y POR EL PERÚ

Desde Mudo Social podemos tener diferencias con las ideas de Verónika Mendoza.

También podemos coincidir con algunas.

Eso forma parte de la democracia.

Pero hay algo que debería estar por encima de esas diferencias:

el deseo de que una autoridad elegida democráticamente haga una buena gestión.

Porque si Verónika Mendoza logra mejorar la salud, fortalecer la educación, impulsar la agricultura, promover la industrialización, recuperar el turismo, generar oportunidades y administrar honestamente los recursos públicos, el beneficio será para los cusqueños, no para una ideología.

Y si consigue hacerlo convocando a quienes piensan diferente, escuchando a las comunidades y respetando la diversidad política de su región, el logro será todavía mayor.

Quizá el Perú necesite precisamente eso:

que dejemos de esperar que el otro fracase para sentir que nosotros tenemos razón.

Que aprendamos a decir:

“No pienso como tú, pero quiero que te vaya bien, porque si gobiernas bien, le irá bien al país.”

Ese debería ser el espíritu con el que recibamos esta nueva etapa del Cusco.

Que Verónika Mendoza tenga éxito. Que el Cusco prospere. Y que el Perú pueda mirar esa experiencia no desde el prejuicio, sino desde la esperanza de que todavía podemos hacer política pensando primero en nuestros ciudadanos.

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