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Harvey Colchado: la grata sorpresa de un Congreso que necesita recuperar respeto

Hay sorpresas que devuelven la esperanza. Y una de ellas tiene nombre propio: Harvey Colchado, diputado de Ahora Nación.

Lo digo porque, después de cinco años de soportar probablemente el Congreso más desprestigiado de la historia republicana, uno llega a pensar que el Parlamento se ha convertido en un espacio donde predominan la improvisación, el cálculo político, la mediocridad y los intereses particulares. La legislatura anterior dejó una herida profunda en la institucionalidad peruana. Muchos congresistas hablaban mucho, pero decían poco; fiscalizaban selectivamente y legislaban de espaldas a los ciudadanos.

Por eso llamó poderosamente la atención la intervención de Harvey Colchado durante la presentación del presidente del Consejo de Ministros ante el Congreso. No fue una participación cargada de consignas ni de frases efectistas. Fue una exposición serena, técnica, didáctica y extraordinariamente bien preparada, sustentada en datos, conocimiento de la realidad y experiencia directa en la lucha contra el crimen organizado. Su intervención fue ampliamente comentada por su pedido de remover al comandante general de la Policía Nacional, a quien responsabilizó por la falta de resultados frente a la criminalidad.

Cuando habla alguien que conoce el problema desde adentro

Existe una enorme diferencia entre opinar sobre seguridad ciudadana desde un escritorio y hacerlo después de haber pasado décadas enfrentando organizaciones criminales, narcotráfico, terrorismo y corrupción.

Harvey Colchado no llegó al Congreso siendo un político tradicional. Llegó después de una larga trayectoria como oficial de inteligencia de la Policía Nacional y jefe de la DIVIAC, unidad que participó en algunas de las investigaciones más importantes contra redes de corrupción y crimen organizado en el país. También lideró operativos de alto impacto y terminó siendo una de las figuras más incómodas para distintos gobiernos por investigar a quienes detentaban el poder. Su retiro de la institución policial estuvo rodeado de una fuerte controversia política.

Esa experiencia se reflejó en cada minuto de su intervención parlamentaria.

No improvisó cifras. No lanzó acusaciones vacías. Explicó cómo ha evolucionado la violencia criminal, cuestionó la ausencia de una estrategia integral y evidenció las debilidades del actual mando policial para responder a una amenaza que hoy desborda las calles del Perú.

El fracaso ya no se puede ocultar

El Perú vive uno de los momentos más críticos en materia de seguridad de las últimas décadas.

La extorsión se ha convertido en un impuesto criminal que pagan miles de pequeños empresarios, transportistas, comerciantes y emprendedores. Los asesinatos por encargo dejaron de ser hechos aislados para convertirse en noticia cotidiana. Bandas extranjeras y nacionales disputan territorios, mientras las cárceles continúan funcionando como centros de operaciones del delito.

Sin embargo, frente a esa realidad, la respuesta del Estado sigue siendo reactiva y desordenada.

Colchado puso el dedo en la llaga: la continuidad del actual comandante general de la Policía resulta incomprensible cuando los indicadores muestran un deterioro evidente de la seguridad ciudadana. Su crítica no estuvo dirigida a la institución policial —que cuenta con miles de hombres y mujeres honestos que arriesgan la vida diariamente— sino a una conducción que, según sostuvo, no ha demostrado capacidad para diseñar políticas, ejecutar planes ni entregar resultados.

Ese es un debate que el país necesita tener.

No basta cambiar ministros; hay que cambiar la estrategia

En pocos años el Perú ha tenido una sucesión interminable de ministros del Interior, estados de emergencia y anuncios de «guerra contra la delincuencia». Los resultados hablan por sí solos.

El problema no es únicamente quién ocupa el ministerio.

El problema es la ausencia de inteligencia operativa, de coordinación entre Fiscalía y Policía, de tecnología, de investigación criminal y de liderazgo institucional. Se privilegia la fotografía del operativo antes que la desarticulación permanente de las organizaciones criminales.

Quien conoce el funcionamiento de las mafias sabe que no se las derrota patrullando calles únicamente; se las combate con inteligencia, seguimiento financiero, infiltración, investigación y coordinación judicial.

Ese fue, precisamente, el enfoque que transmitió Harvey Colchado.

Una nueva generación de parlamentarios

Sería injusto medir al nuevo Congreso con el mismo rasero del anterior.

En esta nueva camada de diputados y senadores empiezan a aparecer perfiles distintos: profesionales, técnicos y personas con trayectoria en sus respectivos campos. Harvey Colchado es uno de esos casos.

Su participación dejó la impresión de alguien que entiende cuál es el rol de un legislador: fiscalizar al Ejecutivo con argumentos, proponer soluciones y elevar el nivel del debate parlamentario.

Ojalá no sea la excepción.

El Perú necesita un Parlamento donde el conocimiento tenga más espacio que el espectáculo; donde la preparación sustituya al grito; donde las propuestas pesen más que los insultos.

La política también necesita credibilidad

La ciudadanía ha perdido confianza en casi todas las instituciones del Estado. El Congreso figura, desde hace años, entre las peor valoradas.

Recuperar esa credibilidad no será tarea de discursos grandilocuentes, sino de actuaciones consistentes.

Harvey Colchado ha dado un primer paso importante. Ahora le corresponde demostrar que la misma firmeza que mostró enfrentando organizaciones criminales puede traducirse en una labor legislativa seria, independiente y eficaz.

Porque el país no necesita héroes mediáticos.

Necesita autoridades competentes.

Y cuando un parlamentario demuestra preparación, conocimiento y valentía para cuestionar la inercia del poder, es justo reconocerlo, venga del partido que venga.

La seguridad ciudadana no puede seguir administrándose desde la improvisación. El Congreso tiene la obligación de exigir resultados y de convertirse en un verdadero espacio de control político. Si la nueva representación parlamentaria comienza a producir voces con la solvencia técnica mostrada por Harvey Colchado, quizá todavía exista una oportunidad para reconciliar a los peruanos con la política y con sus instituciones.

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