Actualidad

Lima, una ciudad que refleja el desorden del Perú

https://i.ytimg.com/vi/_VcymaSKbpI/maxresdefault.jpg

https://imgmedia.larepublica.pe/640x371/larepublica/original/2023/05/22/646c1556d4c7c344dc3c5fe7.webp
5

El Perú es un país profundamente distorsionado. Este centralismo —heredado desde la colonia— ha hecho que, a diferencia de nuestros países vecinos, Lima concentre casi todas las fortalezas y también las debilidades de la nación. Somos un país con una “cabeza enorme” y un “cuerpo raquítico”: Lima creció de forma desproporcionada mientras las ciudades de segundo y tercer orden quedaron rezagadas. Nunca ha habido una verdadera descentralización, y esa es una de las fuentes principales del atraso nacional.

Lima, como capital, concentra los males y las carencias del país. Su crecimiento ha sido caótico y desordenado. Si bien en sus orígenes fue una ciudad relativamente ordenada, todo cambió a partir de la gran ola migratoria de los años 70. A partir de entonces, Lima dejó de crecer planificada y orgánicamente para convertirse en una ciudad expandida sin rumbo.

Muchos limeños son conscientes de este caos urbano: lo dicen, lo viven, lo sufren. Sin embargo, las autoridades que elegimos no están a la altura de los problemas que enfrenta la ciudad. Se conforman con inaugurar algunas obras menores con fanfarrias mediáticas, pero sin un impacto real en el desarrollo ordenado de Lima. Esa es una de las mayores fuentes de indignación ciudadana: no son responsables directos de los errores del pasado, pero tampoco hacen nada para corregirlos.

Los pocos distritos que aún tienen zonas de expansión urbana están repitiendo exactamente el mismo modelo desordenado. Las autoridades no exigen ni planifican el mínimo de orden urbano. Un ejemplo claro es la falta de grandes avenidas estructurales que permitan una circulación fluida en las nuevas zonas de desarrollo. Lo que se está construyendo —con la complicidad de gobiernos locales— son calles angostas que en pocos años colapsarán con congestión vehicular y caos.

En esta nueva Lima que se viene levantando, desaparecieron las grandes arterias, las áreas verdes planificadas, los espacios reservados para hospitales, comisarías, colegios y parques. ¿Por qué ocurre esto?
Por una mezcla perversa de:

  • Incompetencia técnica de las autoridades.

  • Falta de conocimiento de la problemática urbana.

  • Ausencia de planificación oportuna.

  • Complicidad en el tráfico de terrenos y la especulación inmobiliaria.

En vez de pensar en el futuro de la ciudad, se prioriza el lucro inmediato: se venden todos los metros cuadrados posibles, sin dejar las áreas que por ley deberían destinarse a vías principales, zonas verdes o equipamiento urbano. Y cuando dejan algo, lo hacen con trampas: al poco tiempo pagan multas irrisorias y también venden esos terrenos. Un despropósito total.

Mientras tanto, las autoridades actuales están ausentes. No actúan, no planifican, no imponen orden. Y cada día se van ocupando espacios que después serán imposibles de recuperar. Los problemas se multiplican y Lima profundiza su drama: caos, desorden y falta de visión de futuro.

Peor aún, es probable que en las próximas elecciones, una Lima manipulada y desinformada vuelva a entregar su confianza a quienes no solucionan nada, sino que agravan el problema.
Pobre ciudad. Pobre país.

Related posts

Partidos de alquiler y familias políticas: la democracia sin cimientos

Manuel Cotillo

Dirigente sobre autorización de Tía María: «Una declaratoria de guerra al Valle de Tambo»

Manuel Cotillo

Elecciones sin ciudadanos: cómo mutilaron las primarias en el Perú

Manuel Cotillo

Leave a Comment

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Damos por sentado que estás de acuerdo, pero puedes desactivarlas si lo deseas. Acceptar Read More

Privacy & Cookies Policy