Las elecciones del 2026 colocan al Perú ante una pregunta moral y política que ya no puede seguir evadiéndose:
¿volveremos a elegir a la misma clase política que hoy destruye instituciones, o apostaremos por personas con trayectoria, mérito y compromiso real con el país?
En medio del colapso ético del Congreso, la corrupción impune y la destrucción sistemática de la institucionalidad, la ciudadanía enfrenta una disyuntiva que no es menor ni superficial. Esta vez, no se trata solo de elegir representantes. Se trata de elegir qué tipo de República sobrevivirá después del 2026.
Entre los que “fingen” ser congresistas y los que vienen con historia sobre los hombros
El Parlamento actual —con sus escándalos, blindajes, repartijas, insultos y operaciones para capturar el sistema de justicia— ha demostrado que existe una élite política dispuesta a todo para perpetuarse. Su lógica es simple: poder sin control, impunidad sin límites.
Frente a eso, empieza a emerger un grupo de figuras que llegan desde fuera de la política tradicional, algunas con carreras profesionales sólidas, otras con la autoridad moral que nace de haber enfrentado al poder real.
En ese contexto aparece la candidatura de Harvey Colchado, símbolo de una lucha frontal contra redes criminales y mafias enquistadas en el Estado. Su salto a la política se produce ―paradoja de nuestros tiempos― después de haber sido perseguido, marginado y finalmente expulsado de la institución que más defendió: la Policía Nacional.
La apuesta de Colchado: un candidato con pasado, no un improvisado
Colchado se presenta como candidato a diputado por Lima con el número 1 de Ahora Nación, el partido que lidera Alfonso López Chau, reconocido rector universitario que intenta limpiar el aire político con lo que él mismo llama “vientos frescos en medio de tanta agua mugrienta”.
En su anuncio, el exoficial dijo:
“Les prometo poner toda mi experiencia y dedicación al servicio del país. Y si hay crimen y corrupción, lo tumbamos”.
Más allá de la frase, su biografía pesa:
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Oficial formado en los años noventa.
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Especialista en inteligencia.
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Ha trabajado en la Dircote, Dirandro y Dirincri.
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Enfrentó a narcos, redes criminales y estructuras violentas.
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Lideró el equipo que apoyó a los fiscales anticorrupción cuando investigaban a las más altas autoridades del Estado.
Ese historial no es común en la política peruana reciente. Y por eso su candidatura llama la atención: no llega a buscar impunidad, llega porque fue víctima del sistema político que quiere enfrentar.
Una elección que marcará el rumbo del país
El 12 de abril de 2026 el Perú volverá a tener bicameralidad: 130 diputados y 60 senadores.
Eso significa que las próximas elecciones no son una rutina, sino un rediseño institucional de gran alcance.
En ese escenario, los peruanos tendrán que decidir entre dos caminos:
1. Elegir otra vez a quienes destruyeron la institucionalidad,
quienes usan el Congreso para blindarse, perseguir fiscales, manipular leyes y actuar como si el Estado fuera su propiedad.
2. Elegir a personas probas,
con carrera, con historia limpia, con un compromiso acreditado —no declarado— con el país.
En esa segunda categoría aparecen figuras nuevas, como Colchado, junto a organizaciones emergentes como Ahora Nación, que buscan renovar la política desde sus cimientos. No son garantía automática de nada, pero representan una posibilidad real de romper el ciclo.
¿Repetir o corregir? El desafío ciudadano
El Perú va a elegir, una vez más, entre continuar la decadencia o intentar reconstruir la República.
La pregunta no es qué harán los políticos.
La pregunta es qué haremos nosotros.
Los electores —y solo los electores— decidirán si el país seguirá gobernado por quienes hoy fingen ser congresistas, o si esta vez se abrirá la puerta a liderazgos con autoridad moral y vocación de servicio.
Las elecciones del 2026 no son un trámite.
Son un punto de quiebre.
Y, quizá, la última oportunidad para elegir un país distinto.
