Almacenes Arias, también conocido como ‘Saldos Arias’, forma parte de la historia de Madrid, no solo por ser uno de los primeros negocios ‘low cost’ (de bajo coste, en inglés) de la capital dedicado a la venta de productos textiles, sino también por convertirse en la mayor tragedia que ha vivido el Cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento, con una decena de profesionales fallecidos en la extinción de un incendio que la próxima semana cumplirá 38 años.
Diez jóvenes bomberos perdieron la vida un 5 de septiembre de 1987 sepultados por amasijos de hierro y cemento al derrumbarse la sede central que Almacenes Arias tenía en los números 29 y 31 de la céntrica calle Montera tras un incendio declarado un día antes.
El edificio fue construido en 1955, pero otro incendio registrado en 1964 devoró el inmueble y fue necesario su derribo. Ardieron las cinco plantas y los dos sótanos del edificio, emplazado en el mismo número 29 que ocupaba la iglesia parroquial de San Luis Obispo, incendiada en 1936.
Afortunadamente, el fuego se originó cuando el centro comercial estaba cerrado, entre las tres y cinco de la tarde, por lo que ni sus 275 empleados ni ningún cliente estaba en su interior.
El edificio, de estructura metálica, se rehizo y se levantaron unos nuevos almacenes en 1965. Así, el inmueble del número 31, medianero al nuevo edificio, pasó a albergar parte del comercio y almacén de mercadería para repuestos del centro comercial.
La fatalidad volvió a cebarse con Almacenes Arias unos años después. La tarde del viernes 4 de septiembre de 1987 otro incendio amenazaba de nuevo el inmueble de Almacenes Arias de la calle Montera. El fuego comenzó en el número 31, destinado a almacén, y se propagó al 29, el dedicado al comercio.
Las llamas comenzaron en la tercera planta de la parte de almacén del comercio. El primer aviso se recibió a las 19.45 horas. El parque más cercano, el número 5, fue el primero en llegar: lo hicieron en cuatro minutos. Ese día 122 bomberos estaban de guardia y 88 de ellos acudieron a este incendio.
Las llamas pronto se extendieron por todo el inmueble, donde se almacenaban telas y tejidos de nylon, géneros de punto, zapatos, artículos de plástico, cajas de cartón y otros materiales combustibles. El inmueble, con salidas a la calle de la Montera y a la plaza del Carmen, fue desalojado de forma ordenada, sin que se registraran heridos entre los más de 26 trabajadores y decenas de clientes.
Horas después, sobre las 22.00 horas, los bomberos dieron por controlado el incendio en el número 29, aunque el almacén continuaba ardiendo sin control. El entonces alcalde de Madrid, Juan Barranco, presenció las tareas de extinción del incendio, en las que ocho bomberos resultaron intoxicados.
La tragedia se desató de imprevisto durante la madrugada. Sobre las 02.45 horas, el edificio colapsó y se desplomó, y dejó atrapados entre los escombros a 10 bomberos que trabajaban en el interior intentando controlar el fuego. Comenzó entonces una carrera a contra reloj para localizar a los atrapados con jornadas sin descanso tras turnos de más de 20 horas.
Sobre la medianoche de ese 5 de septiembre se localizaron los dos primeros cuerpos entre los amasijos. No fue hasta cuatro días después, el día 9, cuando se logró rescatar el último de ellos.
