Según el informe, a finales de diciembre de 2024 la deuda federal bruta de Estados Unidos alcanzó los USD 36 billones, superando los USD 37 billones en agosto de 2025. De ese total, 80% corresponde a deuda en manos del público, es decir, títulos colocados en los mercados financieros, y 20% a deuda intergubernamental. La deuda pública propiamente dicha ascendió a USD 28,7 billones, lo que explica la creciente exposición de actores privados y públicos a la sostenibilidad fiscal estadounidense.
El documento destaca que USD 8,5 billones de la deuda pública se encuentran en manos de acreedores extranjeros, equivalentes al 30% del total, una proporción muy superior a la registrada hace cinco décadas. De ese monto, 44,2% corresponde a tenencias oficiales —principalmente Bancos Centrales— y 55,8% a inversionistas privados. Japón, China y el Reino Unido concentran las mayores participaciones, aunque el informe subraya que China ha reducido significativamente sus tenencias en los últimos años, reflejando una pérdida de confianza en estos activos.
El informe también señala la gravedad del desequilibrio fiscal: la relación deuda/PIB alcanzó el 98% al cierre del año fiscal 2024 y el déficit público supera de forma crónica el 6% del PIB. A ello se suma el aumento sostenido del servicio de la deuda, que ya constituye uno de los principales rubros del presupuesto federal. Este escenario ha llevado a las tres principales agencias calificadoras —Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s— a rebajar la nota de la deuda estadounidense, encareciendo el financiamiento y reforzando la percepción de vulnerabilidad.
En paralelo, La crisis de endeudamiento de Estados Unidos: causas e impactos documenta una depreciación histórica del dólar y un proceso de desdolarización en curso. Durante el primer semestre de 2025, el dólar registró su peor desempeño semestral desde 1973, mientras su participación en las reservas internacionales cayó del 72% en 2002 a cerca del 58%. Esta tendencia ha impulsado una mayor acumulación de oro por parte de los Bancos Centrales y el uso de monedas locales en el comercio internacional, especialmente entre economías emergentes.
El informe concluye que esta crisis ya tiene efectos directos sobre América Latina. El aumento de las tasas de interés de los bonos del Tesoro eleva el costo del financiamiento externo para la región y presiona los presupuestos públicos. Frente a este escenario, Latindadd plantea la urgencia de repensar las estrategias financieras regionales: diversificar reservas internacionales, reducir la exposición a activos estadounidenses y fortalecer mecanismos de pago e integración regional, como parte de una transición hacia un sistema monetario internacional más multipolar y menos dependiente del dólar.
