Economía

La cruzada comercial de Trump cumple 4 meses con otra carrera contrarreloj para atar nuevos acuerdos

La puesta en escena fue muy ‘made in Trump’: una enorme bandera de Estados Unidos de fondo y el presidente del país, Donald Trump, llevando en la mano una tabla de ciertas proporciones con los nombres de varias decenas de países y los aranceles que, según sus cálculos, se debían imponer a cada uno para resolver los déficits comerciales que tenían con su país. Era 2 de abril, el ‘Liberation Day’. Han pasado 4 meses desde aquello y los desequilibrios comerciales siguen siendo el principal argumento para desatar otra carrera contrarreloj con final – inicialmente- a medianoche del 7 de agosto para cerrar los acuerdos comerciales pendientes. En la orden ejecutiva, publicada en la madrugada de este viernes por la Casa Blanca, Trump oficializaba la imposición de nuevos aranceles dentro de una semana a decenas de países con el argumento de la «inusual y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y la economía de los Estados Unidos» que representan los «persitentes» desequilibrios comerciales. El mandatario recuerda también que ya declaró la «emergencia nacional» por este motivo.

En la orden, Trump reparte elogios y reproches. En los primeros encuadra a «ciertos socios comerciales» citados en el denominado ‘Anexo I’, entre los que se incluye a la propia Unión Europea (UE), Japón, Israel o Reino Unido, han acordado «o están próximos a concluir «signficativos acuerdos comerciales y de seguridad con los Estados Unidos». Este grupo de naciones estárá sometido a los tipos arancelarios que marca la orden – del 15% en el caso de los europeos- hasta que entren en vigor lo pactado con cada uno de ellos de forma bilateral. Además, el decreto apunta, que no se añade ningún arancel adicional al del 15% como los que se suelen imponer por el mecanismo de la nación más favorecida (MFN). Es decir,  hasta el próximo 7 de agosto, las exportaciones europeas seguirán sometidas a un tipo mínimo universal del 10% y a uno añadido del 4,8% por MFN. Esto es un 14,8%, rozando el 15% que se pretende establecer.

Lo que la Casa Blanca pretende con todos estos movimientos es cumplir 3 objetivos inmediatos: cerrar nuevos acuerdos comerciales (solo ha pactado con la UE, Reino Unido, Japón, Corea del Sur, Filipinas, Camboya Malasia y Tailandia), hacer frente al creciente déficit presupuestario que ha alimentado la «gran y hermosa ley» de recortes fiscales aprobada el pasado 4 de julio – según señalan expertos como Federico Steinberg (Real Instituto Elcano)- y, sobre todo, ganar tiempo para poner en práctica los nuevos aranceles. Al respecto, la profesora de EAE Business School y asesora en internacionalización María Ángeles Ruiz Ezpeleta, avisa de las dificultades técnicas que tendrán las aduanas estadounidenses para implementar las nuevas tarifas y, como ejemplo, menciona que hay al menos 97 capítulos diferentes relativos a mercancías, con sus partidas y subproductos correspondientes. En una línea similar,  el equipo de analistas de Bloomberg, por ejemplo, ponen el foco en la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. (CBP, por sus siglas en inglés) que ya cuenta con un decreto de la Casa Blanca para actuar pero que enfrenta al cuestionamiento de la legalidad de un amplio conjunto de los aranceles por parte de un tribunal federal de apelaciones.

Las conversaciones con Bruselas se enmarcan en una ronda de negociaciones que la Casa Blanca está efectuando a contrarreloj con las principales economías del mundo en aras de confeccionar su ofensiva comercial. Al más puro estilo Trump, con acuerdos sobre la campana, Washington ha redibujado en una semana su política arancelaria sin seguir un criterio claro. En el caso de Brasil, los problemas judiciales que afronta su expresidente Jair Bolsonaro le han costado un arancel del 50%, el más alto de todos. Pero en el caso de otros socios comerciales importantes del sudeste asiático, como Filipinas, Vietnam e Indonesia, la postura ha sido más conciliadora y los aranceles se han aliviado para facilitar el comercio con el gigante norteamericano.

El patrón, no obstante, se repite en muchos casos y Trump no da duros por pesetas. En Corea del Sur, como en Bruselas, EE.UU. ha conseguido que el país asiático invierta 350.000 millones de dólares en Estados Unidos y que adquiera 100.000 millones de dólares en gas natural licuado y otros productos energéticos estadounidenses a cambio de rebajar los aranceles a las importaciones de ese país del 25% al 15%. Estrategia similar mantuvo días atrás en Japón, donde el arancel también se redujo del 25% al 15% con la condición de que captar inversiones por valor de 550.000 millones de dólares que estarán guiadas por el mandatario estadounidense.

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