La historia política de Francia como definió el gran tratadista HAURIOU se ha movido entre dos corrientes de fuerzas y de ideas políticas: a) la corriente especialmente revolucionaria del gobierno por las Asambleas representativas;b) la corriente dictatorial, consular, imperial y presidencial, preocupada de reforzar el poder ejecutivo, apoyándose directamente en el pueblo por medio de plebiscitos.
La V República se alumbró tras la crisis ocasionada en la IV por la pérdida de las dos colonias francesas: Indochina y Argelia.
Cabe recordar que en la llamada Crisis de Mayo (13 de mayo de 1958), algunos elementos derechistas del ejército, dirigidos por el general Jacques Massu tomaron el poder en Argel y amenazaron con un ataque de tropas paracaidistas sobre París a no ser que Charles de Gaulle, el héroe de la Segunda Guerra Mundial, se pusiera al frente de la República.
De Gaulle aceptó la investidura de jefe de Gobierno pero con la condición de que se aprobase una nueva constitución que creara una poderosa presidencia. Una vez más, el parlamento francés debió ceder a esta presión, ante la amenaza de una rebelión militar masiva, y cuando se realizaron estos cambios, nació la Quinta República, contra el gobierno centrista de Pflimlin y que hacía el numero 25 después de la II GM.
El General De Gaulle, gobernó durante seis meses por medio de Decretos y dotó a Francia de una nueva Constitución, que fue aprobada el 1º de octubre de 1958, y ratificada por referéndum con el apoyo del 78,5% del electorado, que entró en vigor el 5 de octubre de aquel año.
La pregunta que cabe hacerse tras los errores del Presidente Emmanuel Macron en su segundo mandato, en especial al convocar elecciones tras las europeas de 2024, es si el carácter presidencial de la V República podrá salvar la aparente disolución gubernamental, acentuada por la dimisión buscada o no del líder de MODEM (movimiento democrático) , FranÇois Bayrou.
Es cierto que no puede compararse la situación política del final de la IV Republica francesa con el momento presente. Ni el contexto internacional de Francia es el mismo, ni la inestabilidad es tan acusada como en aquellos momentos.
Pero es lo cierto, que la Francia de Macron con sus cambios de gobierno constantes: Attal, Barnier, Bayrou, se parece más a la Italia previa a Berlusconi que a la tradicional estabilidad francesa fuese o no con cohabitación con la que tuvieron que convivir Mitterrand con Chirac en en los ochenta y noventa del S. XX y mas tarde el propio Jacques Chirac, con Jospin entre 1997 y 2002.
El problema de Macron es que no puede cohabitar ni con Le Pen y tampoco con Mèlechon, el lider de la Francia insumisa, porque sus proyectos políticos son irreconciliables unido al papel irrelevante del socialismo francés para poder formar un Gobierno que calme a la France y pueda adoptar las medidas de gobierno necesarias.
Es difícil por no decir imposible que en la situación parlamentaria actual pueda prosperar un presupuesto que limite o recorte el gasto público dado el descomunal déficit publico francés, fuese mediante el límite o recorte de las las pensiones (Caso de Barnier) o como pretendía Bayrou con un presupuesto restrictivo.
Lo recordábamos en nuestro articulo El presupuesto francés y la reducción del déficit público, donde alabamos el gesto de Bayrou, que al final ha sido contraproducente al someterse a la moción de confianza contemplada en el articulo 49 de la constitución, que en en otros tiempos era como un bálsamo de fierabrás para sacar adelante el presupuesto.
No obstante, Macron, ha movido ficha y ha nombrado al Ministro de Defensa, Sèbastian Lecornu (macroniano puro), en otra operación que parece llamada al fracaso, salvo sorpresas.
Podía haber buscado la solución de un gobierno de concentración nacional o la convocatoria de elecciones. Sin embargo Macron es consciente de su papel presidencial pues como señaló el profesor Pierre BON con ocasión del cincuentenario de la Constitución de 1958 (2008), los poderes del Presidente siguen estando reforzados. Es el arbitro entre los distintos detentadores del poder y su elección directa le convierte en irresponsable y prácticamente sin posibilidad de destitución, ya que está sometido solamente a la acusación de alta traición ante la Haute Court de Justice (art. 68).
Quizás la hipótesis de gobernar mediante referendos si la situación se complica pueda ser la solución del mago fracasado del centrismo en Francia. De momento la solución Lecornu es la que ha prosperado, mirando a la grandeur de la France en el panorama internacional actual. Ya veremos (on verra) cuánto dura.
