El debate técnico del 24 de mayo nos dejó importantes revelaciones. La primera, que la retórica previa de Fuerza Popular de contraponer «democracia versus comunismo» no les sirve, probablemente por su contradicción con la realidad de que ni Juntos por el Perú ni Roberto Sánchez tengan identidades o trayectorias “comunistas”. Y por eso, la ha reemplazado con otra falsa dicotomía: “orden versus caos”.
La segunda, que en contra de esta polarización, buena parte de las propuestas de ambos contendientes en distintos temas, antes que contradictorias, son complementarias y en algunos puntos, coincidentes: Ambos partidos garantizan la autonomía del Banco Central de Reserva y no se oponen a la continuidad de su presidente Julio Velarde; priorizan el fortalecimiento del primer nivel de atención en salud; reconocen a las MYPEs como motor de empleo y proponen medidas para su formalización; identifican a los jóvenes «ninis» como destinatarios de políticas; y coinciden en que la seguridad hídrica y el abandono estatal del campo exigen respuestas urgentes. Estas convergencias nos llevan a ir desde las intenciones programáticas a la credibilidad para ejecutarlas. En ese marco, llama la atención cómo Fuerza Popular trata de negar que desde el 7 de diciembre de 2022 viene dirigiendo de facto las políticas del país mediante su control del Congreso: como lo recordó Pedro Francke, su electo senador José Arista fue ministro de Economía durante un año en ese período; otro electo senador, Fernando Rospigliosi, preside actualmente el Congreso y ha demostrado capacidad para dar órdenes directas al Ministerio de Economía y Finanzas, como el desembolso inmediato de un primer pago de 416 millones de dólares —aproximadamente S/ 1540 millones— para cerrar una polémica compra de aviones de guerra a Estados Unidos. Y el actual ministro de Defensa es militante de Fuerza Popular.
En ese sentido, una evaluación que nos ayude a decidir debe ir más allá de la recopilación y comparación de propuestas. «Por sus frutos los conoceréis», advierte el Evangelio según san Mateo (7:16). La prueba de los frutos, entonces, se encuentra en las acciones concretas del partido cuya bancada preside el Congreso y que busca el Ejecutivo. En agricultura y ambiente, su discurso choca con sus votaciones aprobando la ley antiforestal que habilita la deforestación de ecosistemas boscosos. En juventud ha de recordarse el desfinanciamiento desde el Congreso de las becas de Pronabec al tiempo que se priorizaba la mencionada compra de aviones de guerra (que llegarían en tres años). En infraestructura, que más de 2,200 obras públicas permanezcan inconclusas —valorizadas en unos 73 mil millones de soles—, se debe en parte a la incorporación desordenada de proyectos de inversión por fuera de la planificación multianual, para favorecer constructoras afines a congresistas y en parte al desfinanciamiento del Estado por exoneraciones tributarias a grandes empresas que ya no las necesitan, vía la llamada Ley Chlimper 2.0. Y en salud, se blindó políticamente al ministro Vásquez, responsable de un desorden generalizado en el sector que incluye escándalos de corrupción, sueros vencidos, desabastecimiento de medicamentos y paralización de reformas.
Finalmente, resulta difícil conciliar la propuesta de «modernización del Estado» que plantea Fuerza Popular con las declaraciones de su candidato a la vicepresidencia, Miky Torres, quien reconoció públicamente que periodistas, la mayoría congresal y fiscales «sumaron esfuerzos» para impedir que el presidente Pedro Castillo cumpla con el período para el que fue electo. Si la conspiración institucional se admite como método político, ¿qué garantías ofrece ese partido político para respetar la separación de poderes, la independencia judicial o la ética periodística en un eventual gobierno? La afirmación del alto dirigente de Fuerza Popular evidencia una instrumentalización de las instituciones para fines partidarios contrarios al orden constitucional. Su desempeño político en estos años nos muestra como frutos, desorden institucional. Son esos frutos los que definen el árbol. Nos corresponde evidenciarlos, especialmente entre personas indecisas o creyentes de que las organizaciones de Keiko Fujimori y de Roberto Sánchez, son iguales, a pesar de las evidentes diferencias en sus obras.
