En una confesión sorprendentemente franca, el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró el 5 de noviembre que estuvo “plenamente a cargo” de la agresión militar israelí contra Irán del 13 de junio, la cual provocó el martirio de numerosos altos mandos militares y científicos nucleares, así como de civiles inocentes.
“Israel atacó primero. Ese ataque fue muy, muy poderoso. Yo estuve plenamente a cargo de ello”, afirmó el megalómano y belicista mandatario ante los medios en la Casa Blanca.
“Cuando Israel atacó primero a Irán, fue un gran día para Israel, porque ese ataque causó más daño que todos los demás juntos”, añadió con premura.
Israel había calificado previamente la agresión como “preventiva”, alegando —sin pruebas— que Irán planeaba un ataque contra la entidad sionista. Si fue así, ¿no destruye esta confesión la supuesta justificación, dado que la orden aparentemente provino de Washington?
¿Y no dejan también las declaraciones de Trump en evidencia, una vez más, que se trató de una agresión premeditada, orquestada por los halcones de la guerra en Tel Aviv y Washington?
