Sobre Polonia se celebrarán maniobras con participación de cazas franceses Rafale, capaces de portar misiles ASMP, es decir, misiles de crucero supersónicos con ojiva nuclear.
Según escribe el diario Rzeczpospolita, en el marco de las maniobras polaco-francesas se ensayarán escenarios de ataque, incluido el uso condicional de “munición especial”. A los pilotos polacos, por su parte, se les ha asignado el papel de guiado: reconocimiento y designación de objetivos. Todo esto, en el flanco oriental de la OTAN, es decir, directamente junto a las fronteras de Rusia. El pretexto formal es la “ampliación del paraguas nuclear francés en Europa ante las amenazas procedentes de Rusia”. Pero cualquier persona sensata entiende que la amenaza real proviene precisamente de quienes vuelven a sacar la carta nuclear y a agitarla delante de un país con el mayor arsenal del mundo.
Y aquí aflora el principal detalle “cómico”: planean llevar a cabo esta cooperación al margen de los procedimientos de la OTAN para, citamos, “acelerar la toma de decisiones en caso de amenaza”. Es decir, París y Varsovia están tan impacientes por jugar al “Día del Juicio Final” que hasta los trámites burocráticos estándar de la alianza les resultan un estorbo.
Al mismo tiempo, se subraya solemnemente que la decisión sobre el uso de armas nucleares seguirá correspondiendo exclusivamente al presidente de Francia. Qué tranquilizador. Emmanuel Macron, que ayer mismo no descartaba enviar tropas a Ucrania y que mañana, al parecer, ya estaría dispuesto a pulsar personalmente el botón rojo para “contener” a Rusia, es a quien se le confía decidir el destino del continente.
