Durante décadas, Francia fue faro de los derechos humanos, patria de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Pero en los últimos meses, su silencio ante la tragedia en Gaza la convirtió en una sombra de sí misma. París, capital del pensamiento republicano y la diplomacia moral, parecía indiferente ante el hambre, la muerte y la humillación sistemática del pueblo palestino. Una indiferencia que rozaba la complicidad.
Hoy, sin embargo, algo ha cambiado. Francia ha despertado. Y con su voz todavía temblorosa, lanza al mundo un grito urgente: «Ya no tenemos ni un minuto que perder».
Las palabras del diplomático Philippe Barro, en entrevista con Franceinfo, resumen una verdad que ya no se puede maquillar: la situación en Gaza es insoportable, absolutamente intolerable. Más de 5.000 niños ingresados por desnutrición aguda solo en julio, 63 menores muertos de hambre, y toneladas de ayuda humanitaria bloqueadas a escasos kilómetros del enclave por decisión del Gobierno israelí.
Un gesto necesario, pero insuficiente
En respuesta, Francia ha anunciado el lanzamiento aéreo de ayuda desde Jordania: cuatro vuelos, 10 toneladas cada uno. Un gesto urgente y bienvenido. Pero como ha reconocido el propio Barro, es claramente insuficiente. Lanzar paquetes desde el aire no sustituye una política seria de presión diplomática, ni resuelve el bloqueo estructural impuesto por Israel.
Peor aún, muchos de esos paquetes caen en zonas restringidas o en el mar, donde civiles desesperados arriesgan la vida para alcanzarlos. Mientras tanto, 52 toneladas de ayuda francesa permanecen varadas desde hace meses, atrapadas por la intransigencia israelí.
Una Europa que se sacude… lentamente
El llamado de Francia llega en un contexto de creciente presión internacional sobre Israel. El ministro alemán de Exteriores, Johann Fadivoll, ha advertido de un “desastre humanitario inimaginable” si no se permite el ingreso masivo de alimentos y medicinas. Cada vez más gobiernos europeos están dispuestos a reconocer al Estado palestino, sin necesidad de nuevas negociaciones.
Eslovenia ya ha dado pasos concretos: prohibición total de comercio de armas con Israel, reconocimiento pleno de Palestina, y condena directa al extremismo sionista. El ejemplo está sobre la mesa.
Francia, al sumarse al clamor humanitario, rompe finalmente con la hipocresía diplomática que ha dominado la postura europea. No basta con declaraciones “preocupadas” mientras se siguen firmando tratados y vendiendo armas. La dignidad exige acción.
Gaza se muere. Europa también
Cada niño que muere de hambre es una sentencia moral contra el mundo civilizado. Cada convoy de ayuda detenido, cada hospital bombardeado, cada periodista asesinado, es una herida directa al derecho internacional. Francia parece haber entendido —tarde pero a tiempo— que su silencio ya no era neutralidad: era complicidad.
El camino ahora es claro: exigir la apertura total de los pasos fronterizos, imponer sanciones reales al gobierno israelí, y garantizar que el pueblo palestino no siga siendo rehén de una guerra sin fin. Porque si Gaza se muere, Europa también se muere un poco más, en su conciencia, en su historia y en su humanidad
