La opción militar estadounidense para Cuba se desvanece mientras Trump se centra en las sanciones.
La estrategia del gobierno de Trump hacia Cuba se centra cada vez más en intensificar las sanciones y la presión económica, en lugar de desplegar la fuerza militar para derrocar al liderazgo comunista de la isla, según fuentes familiarizadas con el asunto.
La atención de Estados Unidos se centra ahora en cortar todas las fuentes de ingresos del régimen, en lugar de realizar cualquier operación militar o de fuerzas especiales similar a la incursión de enero que detuvo al líder venezolano Nicolás Maduro, según las mismas fuentes, que pidieron no ser identificadas para detallar el razonamiento del gobierno.
La estrategia busca crear divisiones en las filas y abrir espacio para la negociación en un gobierno que ha rechazado los llamados estadounidenses al cambio tras casi siete décadas de gobierno de partido único, indicaron las fuentes.
Si bien Estados Unidos ha mantenido un embargo comercial contra Cuba desde principios de la década de 1960, funcionarios encabezados por el secretario de Estado Marco Rubio concluyeron que se podría hacer más para cortar los fondos que llegan a la poderosa familia Castro y a los líderes militares, agregaron las fuentes. Sin embargo, no está claro si la nueva estrategia hacia Cuba podrá lograr un avance significativo tras más de medio siglo de controvertidas sanciones económicas y la ausencia de una oposición política creíble. Tampoco existe un líder político consensuado al que poder, como hizo Estados Unidos en Venezuela y como el presidente Donald Trump ha manifestado su intención de hacer en Irán, donde el régimen también se ha resistido a la presión estadounidense.
Al ser consultado al respecto, un funcionario estadounidense declaró que la administración Trump está abierta a un nuevo capítulo en su relación con Cuba y que el único obstáculo es el actual liderazgo del país. El funcionario afirmó que un Estado fallido como Cuba representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y que prácticamente todos los grupos militantes de izquierda del hemisferio occidental han dependido del apoyo cubano en algún momento.
Las medidas intensificadas de Estados Unidos contra Cuba incluyen un bloqueo naval de los suministros de petróleo al gobierno cubano, lo que ha provocado repetidos apagones y advertencias de que sanciones cada vez más estrictas podrían desencadenar una crisis humanitaria. Funcionarios cubanos han condenado las sanciones calificándolas de «genocidas», afirmando estar dispuestos a realizar reformas económicas y negociar, pero que el sistema político de la isla no está sujeto a debate.
La idea que Trump ha planteado —atacar a Cuba después de Irán— también se ha vuelto menos plausible a medida que la impopular guerra en Oriente Medio se prolonga por quinto mes, con Estados Unidos presionando claramente a Teherán para lograr un acuerdo antes de las elecciones de mitad de mandato. La utilidad de bombardear objetivos en una nación insular pobre frente a la costa de Miami tampoco está clara, y Trump quiere evitar el despliegue de tropas estadounidenses sobre el terreno, según las fuentes.
