Quiero recordar que a José Saramago, que tanto nos enseñó, le enfadaba especialmente la ceguera ética; digamos más bien que se rebelaba contra ella en sus escritos. En especial en aquella radiografía social en forma de libro La ceguera. Se me ocurre esta digresión al observar lo que sucede a nuestro alrededor con la solidaridad con quienes sufren, aumentada por la situación de Ceuta pero no solo.
En tal estado de confusión me encuentro que me planteo si no deberían proliferar «los controles de cualidad ética para desenmascarar acciones o visiones injustas en la gobernanza». Supongamos que, un mes después del detonante de la crisis de Ceuta, nada está resuelto. Da que pensar que el Gobierno de España ha distorsionado la cualidad ética interdepartamental en cuestión de asuntos sociales, que en teoría deberían estar coordinados para proteger a los desvalidos, para reducir desigualdades. Si así fuere, casi seguro que se podría calificar su descontrol como desastre mayúsculo. La ciudadanía de Ceuta se merecía algo más y mejor; los inmigrantes «invasores» también. Dando por descontado que los controles éticos del otro lado de la frontera brillan por su ausencia.
A día de hoy habrá que mirar con ironía el despliegue de insolidaridades, de cegueras voluntarias, esparcidas desde ciertos políticos y medios de comunicación. En particular, las arengas de los primeros y lo que esos difusores de noticias expresan y, sobre todo, cómo lo hacen en sus titulares. A mi entender, algunos tienen evidentes signos de negatividad y racismo. Otra cuestión nada inocente: ¿Disponen los partidos políticos y los medios de sistemas de control de calidad ética?
Da que pensar, y muy mal, sobre la actitud de ciertos gobiernos de las CC.AA. que niegan aquello que se llama ética nacional, que no patriótica. Debemos luchar por una dignificación de la palabra solidaridad a través del concepto construido. La solidaridad no es tal si solo se predica; alcanza la verdad cuando se practica. Ningún control de calidad de gobernanza pasaría la negativa de los gobiernos PP-Vox para ni siquiera acudir a hablar de un grave problema humanitario en una reunión entre los departamentos sociales ante la crisis ceutí. También de Junts, cuya justificación por parte de su portavoz en el Congreso sepulta en los infiernos la dimensión ética de la vida en común.
Hace unos días el Gobierno de España prometió mucho dinero para restañar una parte de lo que entre todos se pudo resolver antes. En esto que llegaron las concentraciones multitudinarias “apolíticas” del día 2 de septiembre. La entidad convocante FEMP –desconocemos si dispone de una comisión de ética colectiva- afirma que quería dar cauce a la lógica preocupación y enfado de los ceutíes. Por ahora no se conoce si esa misma federación ha socorrido a Ceuta durante el mes de agosto con la aportación de recursos y disposición de acogida. A veces, mirar hacia otro lado equivale a hacer de ciegos, con respeto para los no videntes. Tras lo cual, imaginamos que a partir de ahora se desvivirán en ayudas para hacer visible su calidad ética. Hay que dar valor a aquellas pancartas que decían «Con Ceuta».
Congratulan los rasgos solidarios de las masivas concentraciones de apoyo a Ceuta ante los ayuntamientos de España. La ciudadanía está en su derecho de mostrar su malestar. Nos gustaría conocer el fundamento ético que motivó las asistencias; o si estas se incentivaron mayormente como protesta “patriótica” contra el Gobierno. Quizás pasados unos días la expresada solidaridad se haya desinflado; cada cual tiene sus problemas y resulta difícil dimensionarlos desde fuera, exclamó un político en una tertulia. No cabe duda que con todos estos rasgos asociales dañaremos la democracia dialogante, ausente en estos momentos. En contra se posiciona el rencor acumulado contra el inmigrante –incentivado desde PP y VOX-; puede no tener vuelta atrás.
Debemos esforzarnos en dar vida colectiva a aquellas palabras de la Academia Sueca en la justificación por la concesión del Premio Nobel de Literatura en 1998: “por su capacidad para volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”. Debemos comprender una realidad migratoria huidiza, sostenida por imaginadas parábolas éticas, adornadas de compasión por los demás y, cómo no, por un cierto grado de ironía convivencial al leer la pancarta «Ceuta nos une».
No es la primera vez se hay problemas en Ceuta y Melilla por la pretensión territorial de Marruecos. También fue expresada en mis tiempos jóvenes con la ‘Marcha Verde’ (una movilización masiva de unos 350 000 civiles marroquíes convocada por el rey Hassan II en noviembre de 1975 para ocupar el entonces Sáhara español). Volviendo a Saramago, podríamos esforzarnos en entender otro de sus pensamientos, que he ampliado un poco: Sin memoria no existimos; y sin responsabilidad (ética), quizá, no merezcamos existir (con tantos privilegios).
Para terminar me quedo con una frase que recogía un periódico de Aragón (3/09/2026) de unos ceutíes residentes en Zaragoza tras la masiva concentración frente al ayuntamiento: Necesitan ayuda de todos nosotros.
