La economía argentina está completamente acorralada desde la gran incertidumbre que han generado los resultados de las elecciones locales de la provincia de Buenos Aires que están llevando a la nación sudamericana, de nuevo, al borde del abismo en el que se encontró en el año 2019, con el país bajo el mando de Mauricio Macri.
Los mercados ya no financian la deuda de Argentina, temerosos ante los resultados del pasado 7 de septiembre. Unos mercados que estaban ya revueltos por el escándalo de corrupción que salpica a la hermana y jefa de gabinete, Karina Milei, que provocó una ruptura de las alianzas con el centro. Todo esto sumado a una política monetaria errática, según los expertos, basada en aumentos de los tipos de interés que impulsaron el peso e hizo retroceder la actividad económica.
En el mes de abril, Javier Milei anunció el fin del conocido como «cepo cambiario», una serie de restricciones y controles del Estado para la compraventa de divisa extranjera, principalmente dólares, cuando consiguió un préstamo de 20.000 millones de dólares del FMI. Esto llevó a que el peso argentino tocase mínimos ese mismo mes.
En este contexto, tanto el peso como los bonos sufrieron un fuerte retroceso, lo que obligó al Banco Central de la República Argentina (BCRA) a intervenir el pasado viernes con una triple operación para sostener la divisa. El Banco Central usó en solo tres días 1.000 millones de dólares para apuntalarla.
El ministro de Economía, Luis Caputo, dijo a los medios locales en una rueda de prensa que «venderemos hasta el último dólar» para mantener al peso.
Esta enorme dispensa de reservas para salvaguardar el peso pusieron muy nerviosos a los tenedores de bonos argentinos, ya que temían que el Estado estuviese gastándose las pocas reservas de moneda que le quedaban y que son necesarias para pagar su deuda. Esto elevó la prima de riesgo – allí se conoce como riesgo país- hasta los 1.200 puntos, lo que aleja al país de su acceso a los mercados externos de crédito, al mismo tiempo que pueden ralentizar la inversión extranjera.
La necesidad urgente de captar dólares para contener la depreciación del peso llevó a Milei a anunciar este pasado lunes la suspensión de las retenciones a las exportaciones agrícolas, uno de los pilares de la recaudación estatal. Con esta medida, el Gobierno busca que el campo liquide su producción y aporte un fuerte flujo de dólares en el corto plazo, de modo que el Banco Central disponga de recursos para sostener el tipo de cambio en la previa electoral, aunque eso implique sacrificar ingresos fiscales y tensar aún más el frágil equilibrio de las cuentas públicas.
Según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), esta medida temporal -hasta el 31 de octubre- de eliminación de tasas para la exportación de productos agrarios provocará un agujero en las arcas argentinas de 1.000 millones de dólares. Es decir, esto supone una pérdida de recaudación de casi la mitad del superávit que tenían previsto para este año.
Milei aprovechó su viaje a la cumbre de la ONU para mantener un encuentro bilateral con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para dialogar sobre la ayuda económica que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, se comprometió a entregar a Argentina el pasado lunes.
