Medio Ambiente

¿Regreso o introducción? Cría por primera vez en España el pigargo, el águila gigante europea

Tres pollos de pigargo europeo han nacido este año en libertad en el norte de España, según ha confirmado la asociación conservacionista GREFA a través de un comunicado. El nacimiento supone el mayor logro del proyecto que desde 2021 intenta recuperar esta enorme rapaz como especie reproductora, aunque la iniciativa continúa rodeada de controversia. Mientras sus defensores hablan de recuperación de una especie extinguida, sus críticos la tachan de introducción innecesaria, pues sostienen que su presencia histórica en España no está suficientemente demostrada.

Lo único cierto es que el águila más grande de Europa ya tiene descendencia en España. Tres pollos de pigargo europeo (Haliaeetus albicilla) han nacido esta primavera y verano en dos nidos situados en el ámbito de la cornisa cantábrica y su entorno. La ubicación de los nidos no se ha desvelado públicamente para evitar cualquier perturbación a estas aves y sus pollos. Los tres han abandonado ya el nido y se encuentran en libertad, todavía dependientes de sus progenitores salvo una de las jóvenes, que ya busca alimento por sí misma.

Hasta hace apenas cinco años no había pigargos reproduciéndose en España. En 2021, GREFA comenzó a liberar ejemplares jóvenes procedentes de Noruega en Pimiango (Ribadedeva, Asturias), con el objetivo de crear una población reproductora. El proyecto acaba de dar un gran salto pues los recién nacidos son aves nacidas aquí, capaces de integrarse en los ecosistemas españoles como un gran depredador.

Pero el nacimiento de estos tres pollos ha vuelto a poner sobre la mesa una polémica que acompaña al proyecto desde su inicio. ¿Estamos ante el regreso de un animal que desapareció de España o ante la introducción de una especie que nunca llegó a formar una población estable en nuestro territorio?

El pigargo es la mayor águila de Europa y una de las rapaces de mayor tamaño del continente. Sus alas pueden alcanzar alrededor de 2,5 metros de envergadura, lo que permite hacerse una idea de sus dimensiones cuando se observa un adulto en vuelo.

Es una especie estrechamente vinculada al agua. Vive asociada a costas, ríos, lagos y grandes humedales y tiene una dieta variada en la que entran peces, aves acuáticas y mamíferos, además de carroña. GREFA lo considera un gran depredador generalista y una especie con funciones ecológicas relevantes en los ecosistemas acuáticos.

Su regreso, por tanto, no supone simplemente añadir una nueva especie llamativa a la fauna española. Significa recuperar o introducir, según la posición que se adopte, un gran depredador en ecosistemas de los que llevaba siglos ausente.

El proyecto considera que el pigargo es una especie autóctona desaparecida hace más de un siglo de España. En 2018 fue incorporado oficialmente al Listado de especies extinguidas en todo el medio natural español, una figura que permite promover su reintroducción en aplicación de la Ley 42/2007 de Patrimonio Natural y Biodiversidad.

Los defensores del proyecto sostienen que existen evidencias arqueológicas, históricas y ornitológicas que permiten considerar al pigargo parte de la antigua fauna ibérica. Un trabajo publicado recientemente en la revista Ibis, firmado por Duncan J. Halley, investigador del Instituto Noruego de Investigación de la Naturaleza, ha revisado precisamente esas evidencias y concluye que el pigargo formó parte de la avifauna reproductora de la Península Ibérica, aunque ya era extremadamente raro en el siglo XIX.

Con respecto al Proyecto Pigargo, el propio Halley ha declarado: «Dos parejas reproductoras y tres pollos tan solo cinco años después de la primera liberación de ejemplares es algo sin precedentes y está muy por delante de cualquier otro programa de reintroducción de esta especie. Es un reconocimiento a la dedicación del equipo del proyecto en España y a la buena adaptación de los pigargos al lugar. A medida que la población siga desarrollándose, contribuirá a restablecer funciones naturales en los sistemas biológicos que constituyen la base de un medio ambiente más saludable y productivo”.

Frente a estos argumentos, científicos muy críticos con el proyecto plantearon desde el comienzo que demostrar la presencia ocasional de pigargos en España no equivale necesariamente a demostrar que existiera una población reproductora estable.

En 2021, los biólogos asturianos Germán Orizaola, David Álvarez y Alfredo Fernández-Ojanguren cuestionaron públicamente el proyecto y señalaron que las pruebas disponibles no les parecían suficientes para afirmar que el pigargo hubiera mantenido una población estable en España. En consecuencia, consideraban que no podía hablarse propiamente de una reintroducción.

Los científicos críticos también han señalado que aunque se aceptase que el pigargo estuvo presente en el pasado, el ecosistema al que regresa hoy no es necesariamente el mismo que dejó cuando desapareció. Y eso puede traer más problemas que beneficios.

Durante décadas han cambiado las poblaciones de peces, aves y mamíferos, los usos del territorio y la propia estructura de los ecosistemas cantábricos. Para los detractores del proyecto, liberar un gran depredador puede generar interacciones difíciles de predecir, especialmente con especies amenazadas.

Entre las preocupaciones expresadas desde Asturias estaban el posible impacto sobre el cormorán moñudo y el salmón atlántico, ambos susceptibles de formar parte de la dieta del pigargo. También se cuestiona que se hayan estudiado suficientemente sus posibles efectos sobre otras especies y sobre la ganadería.

GREFA sostiene, en cambio, que el seguimiento realizado durante estos años no ha detectado impactos negativos que justifiquen detener el proyecto. Los ejemplares llevan emisores GPS y se han estudiado sus movimientos, alimentación e interacciones con otras especies. La organización afirma que los datos obtenidos durante la fase experimental indican que los pigargos se han adaptado al medio sin generar impactos significativos sobre especies amenazadas o actividades humanas.

Durante los dos primeros años de la iniciativa fueron liberados 26 ejemplares procedentes de Noruega. Según GREFA, 18 de ellos continúan vivos, lo que supone una supervivencia del 70 %. Desde entonces se han formado cinco parejas, de las que dos han conseguido reproducirse esta temporada.

Los tres pollos de 2026 se suman al que nació en 2025, Aquila, considerado el primer pigargo nacido en España tras la desaparición de la especie como reproductora. Dos de los nuevos ejemplares son precisamente hermanos de Aquila, hijos de la pareja formada por Pimiango y Mansolea. El tercero procede de otra pareja.

La principal causa de mortalidad de los pigargos reintroducidos es la electrocución, que está siendo amortiguada por la corrección hasta la fecha de más de quinientos apoyos de tendidos eléctricos a iniciativa del Proyecto Pigargo. Estos trabajos preventivos son posibles gracias a la colaboración de las empresas eléctricas EDP e Iberdrola, agentes medioambientales y el Seprona de la Guardia Civil. «El proyecto lleva dos años sin que tengamos que lamentar ninguna muerte de pigargo, lo que supone una magnífica noticia de cara a asegurar el asentamiento de la especie a largo plazo», afirma Álvarez.

El pigargo europeo no es una especie que esté desapareciendo de Europa. Al contrario, sus poblaciones se han recuperado en numerosos lugares después de haber sufrido persecución histórica y otros problemas de conservación.

Por eso el objetivo del proyecto español es diferente al de una actuación destinada a evitar la extinción mundial de una especie. Se trata de recuperar una población reproductora en un territorio del que se considera que desapareció hace más de un siglo.

Sus defensores ven en ello una oportunidad para recuperar una pieza perdida de los ecosistemas ibéricos. Sus críticos creen que, cuando la evidencia histórica es discutida y el ecosistema ha cambiado, la prudencia debería pesar más.

Tomando partido en la polémica, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), a través de su Grupo de Especialistas en Translocaciones de Conservación, ha respaldado la continuidad del proyecto y recomendado mantener las liberaciones y el seguimiento.

En este aspecto, Ernesto Álvarez lo tiene muy claro: «Los resultados del Proyecto Pigargo nos animan a intentar seguir liberando pollos de pigargos noruegos en otros sitios de la Península Ibérica, incluyendo Portugal, e incluso en áreas de la región mediterránea donde ha desaparecido recientemente, como la isla de Cerdeña».

 

 

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