Medio Ambiente

Los bosques de kelp sostienen la vida marina, pero retroceden en todo el planeta: desapareció casi la mitad en 50 años

Bajo las aguas entre Namibia y Sudáfrica se extiende el Gran Bosque Marino Africano, uno de los ecosistemas submarinos más ricos del planeta. Esta vasta área de bosques de kelp sustenta una biodiversidad excepcional y contribuye a la estabilidad ambiental ante el cambio climático, según detalla TIME.

Los bosques de kelp son esenciales para la biodiversidad marina y la salud de los océanos. Funcionan como sumideros de carbono, proporcionan refugio y alimento a gran cantidad de especies, sostienen la pesca local y protegen las costas frente a tormentas. Sin embargo, el calentamiento global, la contaminación, la sobreexplotación pesquera y la falta de legislación específica están poniendo en peligro estos ecosistemas, lo que amenaza servicios fundamentales tanto ambientales como sociales a nivel mundial.

Colinas de kelp se alzan desde el fondo marino, formando auténticas selvas submarinas donde conviven caracoles, pulpos, tiburones, cangrejos y erizos. Cada especie cumple un papel que permite el equilibrio ecológico y la resiliencia de este hábitat.

En el Gran Bosque Marino Africano, la interacción entre especies ha permitido su evolución y preservación durante al menos 100.000 años. La estructura del kelp crea ambientes adecuados para el refugio, la reproducción y la protección frente a depredadores, posibilitando una red de vida tan compleja como frágil, destaca TIME.

La influencia de estos ecosistemas trasciende África. Los bosques de kelp cubren aproximadamente un tercio de las costas del mundo, desde California hasta Japón y Australia. Su productividad es comparable a la de selvas tropicales y arrecifes de coral, pero reciben menos atención y protección.

Además de capturar carbono de forma eficiente, los bosques de kelp funcionan como barreras naturales contra tormentas y ayudan a mantener la pesca costera. Swati Thiyagarajan, narradora ambiental de Sea Change Project, explica a TIME: “La biodiversidad es el sistema inmunológico del planeta. Cuanto más diversa es, más saludable es la Tierra”.

El valor económico de los bosques de kelp se estima en más de USD 500.000 millones anuales, según la revista. Esta cifra refleja los recursos naturales, servicios ambientales y actividades pesqueras que dependen directamente de este hábitat.

En los últimos 50 años, cerca de la mitad de estos ecosistemas han desaparecido. Las principales amenazas son el calentamiento global, mediante olas de calor marino que sobrepasan los límites térmicos del kelp, la contaminación, la urbanización costera y la sobreexplotación pesquera.

El deterioro de depredadores clave, como las estrellas de mar o las nutrias marinas, altera el equilibrio trófico e impide la recuperación natural del bosque de kelp. “La situación es aterradora: en mi vida, la mitad de los bosques de kelp han desaparecido y la mayoría de las personas ni siquiera lo sabe”, advierte Craig Foster, cofundador de Sea Change Project, entrevistado por TIME.

Según Aaron Eger, director de programas en Kelp Forest Alliance, la biodiversidad “es el tejido que enlaza el océano fuera de los trópicos”, y su pérdida genera graves consecuencias ecosistémicas. TIME señala que solo el 16% de los bosques de kelp dispone de algún tipo de protección, y menos del 2% goza de resguardo estricto, lo que facilita la degradación.

El ejemplo de California pone en evidencia la magnitud del problema. Antes de 2014, el kelp gigante cubría extensas áreas de la costa norte. En solo una década, el ecosistema colapsó por la acción combinada de enfermedades en depredadores, una intensa ola de calor y pesca excesiva, permitiendo la proliferación de erizos púrpura que devastaron la vegetación.

El resultado fue la pérdida del 95% del bosque de kelp y el colapso de la pesca de abulón regional, valorada en USD 44 millones anuales, indica TIME. Esta pérdida amenaza la economía local y la base alimentaria de numerosas especies.

La recuperación de estos entornos depende de políticas específicas, acciones coordinadas y compromiso sostenido para restaurar la biodiversidad y los beneficios sociales y económicos asociados.

Pese a la tendencia mundial de retroceso, algunos enclaves mantienen su estabilidad. El Gran Bosque Marino Africano resiste gracias a la presencia de corrientes frías ricas en nutrientes, menor presión extractiva y zonas marinas protegidas que conservan puntos clave de biodiversidad.

Argentina ha avanzado al promulgar leyes que amparan la mayor parte de su kelp gigante. Movimientos como Kelp Forest Alliance y el proyecto 1001 Seaforest Species impulsan acciones de conservación comunitaria y mapeo científico, mientras que la Patagonia es reconocida como refugio climático para estos bosques.

Sin embargo, la ausencia de políticas globales centradas en el kelp limita el alcance de los progresos. “Las estrategias de carbono suelen centrarse en árboles y manglares, pero la diversidad biológica que los sostiene rara vez se considera en la política”, resalta Eger en conversación con TIME.

Para comunidades indígenas y costeras, estos bosques representan un auténtico patrimonio cultural. Han formado parte de la vida humana durante milenios, respaldando tradiciones y modos de vida en armonía con la naturaleza.

“Estos bosques han mantenido el tejido de vida de nuestros antepasados y han moldeado nuestra cultura”, señala Loyiso Dunga, fundador de ASILI BLUE REN, organización dedicada a la protección del kelp en Sudáfrica, a TIME. En su opinión, estos entornos “cuentan la historia de quiénes somos realmente: una especie antes conectada con nuestro ser salvaje”.

La visión directa de la vida y variedad que ofrecen estos bosques, desde pulpos hasta peces y nutrias, motiva a quienes luchan por su preservación. Foster, miembro de Sea Change Project, resume: “Nuestra esperanza es que otros comprendan cuán valioso es este lugar”.

Preservar los bosques de kelp permite salvaguardar tanto la riqueza biológica como la herencia cultural, siempre que se asuma el compromiso de defender toda forma de vida en estos hábitats únicos.

 

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