Crescencio Martinez Candelario
La Teoría del Caballo Muerto es una metáfora satírica que ilustra cómo personas, instituciones e incluso naciones enfrentan problemas evidentes e irresolubles. En lugar de aceptar la realidad y actuar con sensatez, prefieren aferrarse a justificaciones y soluciones inútiles.
La idea central es simple: si descubres que estás montando un caballo muerto, lo lógico sería bajarte y seguir adelante. Sin embargo, en la práctica, sucede lo contrario. En lugar de aceptar la evidencia, se toman medidas absurdas como:
* Comprar una nueva silla de montar, esperando que haga la diferencia.
* Mejorar la alimentación del caballo, aunque esté muerto.
* Cambiar al jinete, en lugar de reconocer el problema real.
* Despedir al encargado de los caballos y contratar a alguien nuevo, esperando milagros.
* Organizar reuniones para discutir cómo aumentar la velocidad del caballo muerto.
* Crear comités de trabajo que, tras meses de análisis, concluyen lo obvio: el caballo está muerto.
* Justificar la situación comparándola con otros caballos muertos, culpando la falta de entrenamiento.
* Proponer cursos de capacitación para el caballo, con un presupuesto ampliado.
* Redefinir el concepto de «muerto» para convencerse de que aún hay esperanza.
