Hay declaraciones políticas que merecen ser escuchadas no porque quien las pronuncia tenga necesariamente la razón en todo, sino porque contienen elementos que ayudan a entender un problema.
Las recientes declaraciones de Harvey Colchado sobre la situación de la Policía Nacional pertenecen a esa categoría.
Hace apenas unos días, desde Mudo Social advertíamos que Colchado estaba mostrando una actitud distinta a la habitual confrontación política. Su lenguaje ha sido más sereno, más técnico y, sobre todo, orientado a lo que debería hacerse.
Hoy esa impresión se confirma.
No habla desde la tribuna: conoce la institución desde dentro
Colchado no analiza la Policía como un observador distante.
Ha sido parte de ella. Ha trabajado en investigación criminal y ha tenido responsabilidades en operaciones contra organizaciones complejas y contra la corrupción.
Por eso resulta particularmente relevante que su primera reacción frente al nombramiento del general Fredy López Mendoza no sea de descalificación política, sino de reconocimiento profesional.
Ha dicho que conoce su trayectoria y que tiene buenas referencias de él. Recuerda, además, haber coincidido con López cuando este dirigía la Dirección contra la Corrupción y posteriormente la Dirección de Aviación Policial. En ambos casos, destaca su desempeño y, particularmente, la ausencia de filtraciones en operaciones.
Esto puede parecer un detalle menor.
No lo es.
En una institución policial, honestidad, reserva, disciplina operativa y capacidad de ejecución son cualidades fundamentales.
Y resulta saludable que el debate político comience por evaluar esas características y no por preguntar primero de qué sector político es el nuevo comandante.
Colchado no pide un comandante político: pide un comandante que gestione
Hay una frase de Colchado que merece especial atención:
«Los comandantes generales, su labor es de gestión.»
Ahí hay una idea que debería convertirse en principio.
El comandante general no debería ser el brazo político de ningún partido.
Tampoco debería convertirse en un personaje utilizado para la disputa entre bancadas.
Su función es administrar una institución gigantesca, hacer que funcione, colocar a los profesionales donde puedan rendir mejor, ordenar sus recursos y conducir una estrategia contra el crimen.
Por eso es importante que Colchado haya hablado del nuevo comandante en términos de experiencia, honestidad y conocimiento institucional.
Es exactamente el tipo de evaluación que debería prevalecer.
La primera tarea: ordenar la Policía
Pero quizás lo más importante de sus declaraciones está en las medidas inmediatas que plantea.
Colchado habla de reordenamiento.
Y esa palabra puede parecer administrativa, pero en una institución como la PNP puede tener enormes consecuencias operativas.
Una organización policial necesita que cada hombre y cada mujer estén donde puedan ser más útiles.
Un investigador criminal no debería desperdiciar su experiencia realizando funciones para las cuales no fue preparado.
Un especialista en inteligencia no debería ser apartado de su especialidad.
Un oficial con experiencia operativa debería estar donde esa experiencia produzca resultados.
Por eso resulta particularmente significativa su propuesta de colocar a los mejores generales en las posiciones estratégicas y reorganizar la institución de acuerdo con las especialidades.
El dato que debería provocar una discusión nacional
Colchado proporciona además un dato que, de ser corroborado oficialmente, debería generar una discusión seria:
solo el 9 % de la Policía estaría dedicado a investigación criminal, cuando considera que debería ser por lo menos el 20 %. También cuestiona la falta de adquisición de software y equipamiento para esa tarea.
Aquí aparece una cuestión fundamental.
El crimen contemporáneo no se combate solamente con más patrulleros en las calles.
Se combate con información.
Con inteligencia.
Con investigación.
Con análisis financiero.
Con seguimiento de comunicaciones dentro del marco legal.
Con identificación de redes.
Con policías especializados.
Con tecnología.
Con fiscales que puedan trabajar coordinadamente con investigadores.
Con información que permita anticiparse al delito.
Una Policía que llega después del crimen siempre estará en desventaja frente a una organización criminal que planifica antes de ejecutarlo.
Por eso fortalecer la investigación criminal puede ser mucho más importante que simplemente aumentar la cantidad de policías uniformados en las calles.
El caso de Trujillo revela algo todavía más grave
Colchado pone como ejemplo a Trujillo.
Afirma que, pese a ser considerada una de las zonas más golpeadas por la extorsión, las unidades de investigación no contarían con suficientes recursos para inteligencia.
Si esta situación es cierta y se mantiene, estamos ante una paradoja:
el Estado sabe dónde está el problema, pero no coloca allí los recursos necesarios para investigarlo.
Eso no es solamente un problema de presupuesto.
Es un problema de prioridades.
Porque cuando una ciudad se convierte en epicentro de un determinado delito, la primera reacción debería ser fortalecer precisamente las unidades especializadas que tienen la responsabilidad de combatirlo.
El error de sacar al especialista de su especialidad
Quizá una de las críticas más concretas de Colchado sea la referencia a los aproximadamente 140 oficiales con experiencia en investigación criminal que, según afirma, fueron trasladados desde la DIVIAC hacia unidades que no correspondían a su especialidad.
Aquí hay una lección elemental de administración pública:
el Estado invierte años formando especialistas y luego no siempre los utiliza como especialistas.
Eso es desperdiciar recursos.
Formar un buen investigador toma tiempo.
Conocer redes criminales toma tiempo.
Construir fuentes toma tiempo.
Aprender a investigar organizaciones complejas toma tiempo.
Cuando un policía especializado es trasladado arbitrariamente a una función ajena a su experiencia, no solamente se mueve a una persona.
Se pierde conocimiento acumulado.
Y el crimen gana.
Por eso, la propuesta de Colchado de que cada policía sea colocado de acuerdo con su especialidad merece ser analizada con seriedad.
No se trata de defender a Colchado
Mudo Social tampoco pretende convertir a Colchado en una autoridad infalible.
Sus afirmaciones deben ser contrastadas.
Los porcentajes deben ser verificados.
Las cifras sobre investigadores y traslados deben ser examinadas.
Y sus propuestas deben ser sometidas al mismo escrutinio que las de cualquier otro funcionario.
Pero una cosa es cuestionar una afirmación y otra distinta ignorar una propuesta útil.
Y aquí encontramos algo que el debate político peruano necesita recuperar:
la capacidad de reconocer una buena idea aunque venga de alguien que no pertenece a nuestro propio espacio político.
La oportunidad de Fredy López
El nuevo comandante general recibe así una institución que necesita mucho más que discursos.
Tiene una oportunidad.
Y también una enorme responsabilidad.
Si efectivamente posee los 37 años de experiencia policial que se han mencionado públicamente y ha pasado por distintas unidades, como ha señalado Colchado, conoce buena parte de la realidad interna de la institución.
Pero conocer el problema no será suficiente.
Tendrá que demostrar que puede corregirlo.
Y quizá sus primeros cien días deberían concentrarse en cuestiones muy concretas:
primero, ordenar la institución;
segundo, colocar a cada especialista donde corresponde;
tercero, recuperar y fortalecer la investigación criminal;
cuarto, dotar de recursos reales a las unidades que investigan el crimen organizado;
quinto, fortalecer la inteligencia policial;
sexto, reducir las filtraciones de información que destruyen operaciones;
séptimo, establecer objetivos medibles por regiones y tipos de delito;
y octavo, recuperar la coordinación efectiva con Fiscalía, Poder Judicial, inteligencia y otras instituciones del Estado.
No hace falta esperar una gran reforma legislativa para comenzar con varias de estas medidas.
Algunas son fundamentalmente decisiones de gestión.
La política debe fiscalizar, no administrar la Policía
Aquí aparece otra coincidencia interesante entre el planteamiento de Colchado y el enfoque que venimos desarrollando.
Colchado anuncia que desde la Cámara de Diputados habrá fiscalización permanente.
Eso es correcto.
Pero hay que establecer claramente el límite.
Fiscalizar no significa dirigir.
El Congreso debe pedir cuentas.
Debe exigir resultados.
Debe investigar irregularidades.
Debe controlar el uso del presupuesto.
Debe convocar a los responsables cuando sea necesario.
Pero no debería convertirse en una oficina de colocación de policías.
Porque allí comienza el peligro que hemos señalado.
Una cosa es que el poder civil controle democráticamente a la Policía.
Otra cosa es que los partidos pretendan controlar políticamente su estructura.
La diferencia es enorme.
Quizá por eso las palabras de Colchado son importantes
En momentos de tanta polarización, resulta interesante escuchar a alguien que, en lugar de comenzar preguntando quién es amigo o enemigo político, habla de honestidad, experiencia, especialidad, gestión, investigación y resultados.
Ese lenguaje puede parecer menos espectacular.
Pero probablemente sea mucho más útil.
El Perú no necesita una Policía de izquierda ni una Policía de derecha.
No necesita una Policía de Renovación Popular ni una Policía de cualquier otra bancada.
Necesita una Policía profesional, eficiente y honesta.
Y necesita un Gobierno que la conduzca políticamente sin convertirla en instrumento partidario.
Arriola se fue. Ahora hay que mirar hacia adelante
La discusión sobre la gestión de Óscar Arriola puede continuar. Colchado ha sido categórico al calificarla de mala y ha señalado que el índice criminal ha crecido.
Pero quedarse únicamente en la crítica sería insuficiente.
La salida de un comandante general debe servir para corregir lo que no funcionó.
Y allí las propuestas concretas adquieren mayor importancia.
Ordenar. Especializar. Investigar. Equipar. Inteligencia. Coordinar. Medir resultados.
No son consignas políticas.
Son tareas de gestión.
Y quizá ese sea el mensaje más interesante que surge hoy de las declaraciones de Colchado:
la Policía no necesita solamente un nuevo comandante; necesita recuperar una lógica profesional de funcionamiento.
El general Fredy López tiene ahora la oportunidad de demostrar que puede hacerlo.
Y la sociedad tiene derecho a exigir resultados.
No dentro de un año.
No después de otra crisis.
Desde ahora.
