Política

El presidente Jerí y el desperdicio del poder

José Jerí llegó a la Presidencia sin haber construido una figura política respetable. No lo hizo desde la coherencia, la trayectoria ni la claridad ideológica, sino desde el acomodo permanente, ese viejo oficio del “amigo de todos” que, en política, suele ser el aliado natural de nadie… y del oportunismo.

Ese fue, paradójicamente, su mérito: no incomodar, no confrontar, no definir. Pero cuando la vida —y la historia— le colocan a cualquier ser humano la oportunidad excepcional de ocupar la más alta magistratura del país, lo mínimo que se espera es que esté a la altura. Que rompa con las malas prácticas. Que entienda que el poder no es un botín, sino una responsabilidad.

Jerí hizo exactamente lo contrario.

En lugar de aprovechar el cargo para ordenar el Estado, fortalecer la institucionalidad y marcar distancia con los vicios de siempre, dio rienda suelta a las peores costumbres: el amiguismo, el reparto de espacios, el ejercicio patrimonial del poder. Un derroche obsceno de oportunidades en un país que ya no está para ensayos ni improvisaciones.

El problema no es solo Jerí

Lo ocurrido en Palacio de Gobierno con las visitas reiteradas de empresarios chinos no es un hecho aislado, sino un síntoma. El secretario general del Despacho Presidencial, Benito Villanueva, acudió a la Comisión de Fiscalización para explicar que los empresarios Zhihua Yang y Ji Wu Xiandong ingresaron varias veces a Palacio, pero —según su versión— jamás se reunieron con el presidente ni con ministros. Solo habrían participado en coordinaciones por el Día de la Amistad Perú-China.

Cuatro visitas en pocos meses. Autorizadas por el área de comunicaciones. Sin claridad sobre con quiénes se reunieron. Sin información sobre los registros de la residencia presidencial, porque —según se dijo— ese es un “ámbito más privado”.

Privado. Esa palabra, en boca del poder, siempre es peligrosa.

Villanueva admitió, además, una “debilidad” en el sistema de control de visitas. Una debilidad que recién ahora se estaría corrigiendo. Mientras tanto, las actividades personales del presidente no estarían obligadas a registrarse en el Portal de Transparencia.

Todo legal. Todo reglamentado. Todo formalmente correcto.

Pero políticamente inaceptable.

Bajo nivel, alto daño

¿Qué se puede esperar de personas con bajo nivel cultural, escasa preparación profesional, pobre comprensión del Estado y una alarmante falta de integridad? Nada distinto a lo que estamos viendo: confusión entre lo público y lo privado, desprecio por la transparencia y una relación peligrosa con el poder predatorio.

El problema no es solo cómo está hoy este gobierno. La pregunta de fondo es cómo terminará.

La historia peruana ya respondió demasiadas veces esa interrogante.

Y entonces surge la pregunta más dura, la que no quiere responder nadie:
¿por qué es tan difícil que quienes llegan al poder caminen derecho?

Tal vez porque nunca entendieron que gobernar no es acomodar amigos ni administrar favores, sino servir. Y porque cuando el poder llega a quienes no se prepararon para ejercerlo, el resultado casi siempre es el mismo: decadencia, sospecha y fracaso.

El caso Jerí no es una excepción. Es una advertencia. Y como país, seguimos sin aprenderla.

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