Tecnología

China acaba de regular algo que realmente importa: que la IA acabe siendo nuestra amiga o nuestra novia

 

China ha puesto límites claros a una categoría muy específica de inteligencia artificial: aquellos sistemas diseñados para simular ser una persona real. Ante la entrada en vigor inminente de la nueva normativa, las principales empresas tecnológicas del país ya han anunciado el cese de estos servicios: Doubao, de ByteDance, y Qwen, de Alibaba, desactivarán sus agentes personalizados en los próximos días, mientras que Tencent ya había tomado la misma medida con su modelo Yuanbao.

 

El calendario de estos cambios ya es oficial: Doubao dejará operativos sus agentes de IA el próximo 15 de julio, y tres meses después los usuarios tampoco podrán acceder a las conversaciones guardadas con ellos. Por su parte, Qwen suprimirá estos sistemas el 10 de julio, y el resto de funciones asociadas desaparecerán solo cinco días más tarde. Todas estas medidas responden a las Medidas Provisionales para la Administración de Servicios de Interacción Antropomórfica con IA, la nueva regulación aprobada por el gobierno chino.

 

Lo más destacado de esta norma es que no afecta a la IA generativa en su totalidad: quedan exentos los asistentes para trabajo, estudio, investigación o atención al cliente. Su objetivo se centra exclusivamente en los sistemas que «simulan rasgos de personalidad, patrones de pensamiento y estilos de comunicación humanos para proporcionar una interacción emocional sostenida». Es decir, no se limita su capacidad técnica, sino su función de imitar el comportamiento de una persona para generar vínculos.

 

Las herramientas que desaparecen son precisamente las que permitían dar identidad propia a los chatbots: convertirlos en personajes de ficción, amigos o compañeros sentimentales, con personalidad definida, memoria de las conversaciones y un trato cercano. No se trataba de meras herramientas de consulta, sino de sistemas diseñados para generar una relación personal e íntima con el usuario.

 

El eje central de la regulación es prevenir la dependencia emocional. A diferencia de otros marcos normativos como el europeo, centrado sobre todo en riesgos de seguridad o desinformación, China se enfoca en evitar que estos sistemas generen adicción, manipulación o incluso deterioren los vínculos reales de las personas. De hecho, se prohíbe explícitamente que fomenten vínculos que puedan llevar a decisiones irracionales.

 

La norma también establece obligaciones para la propia IA: debe detectar situaciones de riesgo, animar al usuario a buscar ayuda si muestra emociones extremas o vulnerabilidad, y mostrar una advertencia y recomendar descanso tras dos horas de conversación ininterrumpida —un mecanismo muy similar a las herramientas de bienestar digital de las aplicaciones sociales.

 

Se presta especial protección a los colectivos más vulnerables: se prohíbe ofrecer relaciones íntimas o vínculos familiares simulados a menores de edad, que además necesitan autorización paterna para acceder a estos servicios; también se exigen precauciones adicionales con las personas mayores, grupo especialmente expuesto a la soledad y a la dependencia de estos sistemas.

En definitiva, esta es la primera gran regulación mundial que no limita el rendimiento o la potencia de los modelos de IA, sino su capacidad para relacionarse con las personas como si fueran otro ser humano. Se trata de un precedente inédito que previsiblemente será analizado en Europa y Estados Unidos, y que marca un punto de inflexión en el uso más personal de esta tecnología.

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