Hay algo presentado en la Keynote de Apple del pasado 9 de septiembre que, a pesar de su enorme trascendencia, no está recibiendo toda la atención que merece. En el evento se mostraron dispositivos muy esperados como el iPhone 18 Pro y el iPhone Duo, el primer móvil plegable de la marca, equipos que van dirigidos a públicos y segmentos distintos pero que comparten exactamente el mismo corazón tecnológico: el nuevo procesador A20 Pro. Más allá del discurso habitual de presentación en el que se califica como el chip más avanzado que Apple ha creado jamás, una afirmación que por otra parte cabría esperar tratándose de componentes para dispositivos que alcanzan precios de hasta 2.300 euros, lo verdaderamente relevante es que estamos ante el primer procesador de la compañía fabricado con litografía de 2 nanómetros, situándose además entre los primeros de toda la industria en utilizar esta tecnología, y que llega acompañado de un sistema de refrigeración por cámara de vapor que supone un salto cualitativo respecto a lo que montaban las generaciones anteriores.
Ya han salido a la luz los primeros resultados de pruebas comparativas que nos permiten dimensionar su capacidad real, y aunque habrá que esperar a tener los equipos en mano para confirmar si los datos se mantienen en condiciones de uso diario, las cifras apuntan a avances muy considerables. En Geekbench registra 4.725 puntos en rendimiento de un solo núcleo y 12.575 en multinúcleo, lo que supone un incremento muy notable si se compara con el iPhone 17 Pro Max, que alcanzaba 3.750 y 9.731 puntos respectivamente. Frente a la competencia directa, el A20 Pro se muestra un 38 % más rápido en rendimiento mononuclear y un 35 % más rápido en multinúcleo que el futuro Snapdragon 8 Elite Extreme Gen 6 de Qualcomm, mientras que con el Dimensity 9600 Pro de MediaTek la distancia se acorta en el rendimiento multinúcleo, donde ambos se mueven en cifras cercanas, aunque el procesador de Apple sigue manteniendo una ventaja amplia en el rendimiento de un solo núcleo. El apartado que más destaca, sin embargo, es el gráfico: su GPU obtiene 64.060 puntos, un 40 % más que la generación precedente, una mejora que se atribuye tanto a la incorporación de un núcleo adicional como a las ventajas del nuevo nodo de fabricación y, de forma muy especial, a la renovada arquitectura térmica.
Ese rediseño es precisamente lo que cambia las reglas del juego, porque la potencia de un procesador solo tiene valor si se puede mantener en el tiempo sin verse frenada por el calor acumulado. Apple ha reorganizado la disposición de los componentes de manera que la memoria ya no se interpone en la vía de disipación, permitiendo que la cámara de vapor entre en contacto mucho más directo y eficaz con el chip, un planteamiento que la compañía ha tomado prestado de la arquitectura que hasta ahora utilizaba exclusivamente en los procesadores de la serie M para ordenadores Mac y iPad Pro. Esta mejora no se limita a mejorar el funcionamiento de los teléfonos, sino que abre una perspectiva muy ilusionante de cara a futuros dispositivos, y en concreto hace pensar en la posibilidad de que esta misma tecnología sea la elegida para impulsar una segunda generación del MacBook Neo, el portátil más accesible de Apple que demostró ya con el chip A18 Pro que un procesador diseñado originalmente para móvil puede sostener con soltura todo un sistema operativo y tareas de ofimática, entretenimiento y edición de contenidos sin exigencias extremas.
La versión actual del Neo tiene entre sus límites precisamente la gestión térmica: bajo cargas de trabajo sostenidas el chip se calienta y su rendimiento se resiente, hasta el punto de que algunos usuarios han llegado a recurrir a modificaciones caseras para mejorar la disipación. Con el A20 Pro esos problemas quedarían prácticamente resueltos, lo que situaría al portátil en una categoría muy superior, aunque es probable que esta transición no se produzca de inmediato. Por un lado, Apple tendrá que asegurar primero el suministro para sus teléfonos, que siguen siendo su producto principal, y la fabricación en la nueva tecnología de 2 nanómetros es más compleja y costosa, por lo que su implantación en equipos de precio más contenido podría tardar en llegar. Aun así, la hoja de ruta queda dibujada y las posibilidades son muy atractivas. Tampoco hay que perder de vista a otros competidores que avanzan por caminos propios, como Xiaomi con su nuevo procesador Xring O3, que registra un rendimiento multinúcleo superior al del A20 Pro aunque se queda por debajo en rendimiento de un solo núcleo, y que podría plantear su propia propuesta en el segmento de equipos ligeros aprovechando los avances en sistemas operativos para arquitecturas ARM, un mercado que sigue dominado por procesadores tradicionales pero que está empezando a transformarse gracias precisamente a este tipo de desarrollos.
