Al sacar un iPhone de su caja ya no hay sorpresa, ese momento de asombro que sentíamos hace unos años se ha ido desvaneciendo no solo por la cantidad de información que recibimos, sino porque en los modelos que no son el Air ni el Duo, Apple se ha aferrado a la idea de que si algo funciona, mejor no tocarlo, o hacer los cambios mínimos posibles, que es precisamente lo que ha ocurrido con los iPhone 18 Pro. He utilizado el iPhone 18 Pro Max como teléfono principal durante estas últimas dos semanas y, aunque la sorpresa ha desaparecido, los pequeños ajustes que se han introducido lo convierten en un dispositivo mucho más equilibrado que el modelo del año pasado. El inconveniente es que los cambios no han sido tan profundos como yo habría deseado, no solo para ofrecer una experiencia mejor a quien invierte más de mil seiscientos euros en él, sino también para estar a la altura de una competencia que lleva dos años avanzando con fuerza, y a continuación te cuento con detalle mi experiencia. Un año más, el iPhone es sinónimo de continuidad; si vienes de un modelo anterior, ya sabes qué encontrarás antes de empezar a leer, pero aunque parezca que cambia poco, hay mejoras importantes en su interior que sí justifican el salto, especialmente si vienes de un iPhone 15 Pro o de versiones anteriores. El nuevo procesador A20 Pro tiene un rendimiento excelente y, según mis pruebas, apenas se calienta salvo cuando se somete a una exigencia muy alta como la grabación en formato logarítmico; en juegos se comporta de forma sobresaliente y hay que reconocer que el nuevo sistema de refrigeración funciona por fin como se esperaba. La batería ofrece una autonomía prácticamente inagotable, capaz de cubrir dos días de uso intenso, y la cámara principal me ha parecido excelente tanto por su apertura variable, que resulta mucho más útil de lo que preveía, como por los filtros de textura y los nuevos controles, logrados a través de software. Lo que menos me conviene es el precio: la versión más básica, con doscientos cincuenta y seis gigabytes de almacenamiento, cuesta mil seiscientos diecinueve euros, una capacidad que se queda corta en cuanto se aprovecha la cámara con cierta frecuencia; y aunque en líneas generales es un teléfono digno de la gama más alta, es precisamente en el apartado fotográfico donde se aprecian las mayores carencias. La cámara gran angular cumple bien en condiciones de luz diurna pero pierde calidad de noche, y el telefoto es donde se nota más la diferencia respecto a los mejores teléfonos con sistema Android, una brecha demasiado amplia para un dispositivo de este rango de precio. El año pasado analicé el iPhone 17 Pro Max y durante estos últimos meses he usado varios modelos de gama alta de otras marcas, por lo que estoy acostumbrado a teléfonos de gran tamaño, pero he de decir que este iPhone, manteniendo las mismas dimensiones que la generación anterior, ha ganado peso y se nota claramente. Sus doscientos cuarenta y nueve gramos se hacen sentir al llevarlo un rato en la mano viendo contenido y también en el bolsillo, un aumento que se debe a una batería más grande y a nuevos elementos en el sistema de cámaras. En cuanto al diseño, es prácticamente idéntico al del año pasado, con las mismas medidas, el mismo módulo trasero muy amplio para las cámaras y un frontal con unos marcos muy bien aprovechados. Sin funda es un teléfono que se siente muy agradable al tacto y, aunque la ausencia de titanio lo hace percibirse menos exclusivo, a mí el aluminio no me resulta desagradable. Hay que fijarse mucho para distinguir este modelo del anterior, más allá de los colores, y el único cambio visible es el tamaño de la Isla Dinámica, que ahora es más reducida. Al reducirse su tamaño surge la pregunta de qué ha ocurrido con el sistema de reconocimiento facial Face ID, ya que allí se alojaban algunos de sus sensores; la respuesta es que su funcionamiento no ha cambiado en absoluto. La Isla Dinámica más pequeña resulta menos molesta al ver vídeos, y los sensores necesarios se han reubicado en un lateral de la pantalla bajo el panel OLED, de forma que apenas se distinguen a simple vista con la pantalla encendida. Este cambio parece un ensayo de cara a futuros diseños con la pantalla completamente libre de elementos, y me parece acertado no haber integrado la cámara frontal bajo el panel en este modelo, ya que experiencias como las del ZTE Axon o del propio iPhone Duo muestran que la calidad de las fotografías con ese sistema es bastante mediocre. En lo que respecta a la pantalla, se trata del mismo panel OLED del año pasado, con seis coma nueve pulgadas, un brillo típico de mil nits y de tres mil nits en su punto máximo, y una resolución de dos mil ochocientas sesenta y ocho por mil trescientos veinte píxeles; cuenta con recubrimiento antirreflejos que reduce bastante los reflejos aunque no hace milagros, y con el material Ceramic Shield 2 que protege bien contra impactos aunque no tanto contra los arañazos.
