Tecnología

Los datos de EEUU apuntan en una dirección: «algo» ha destruido más de 200.000 empleos creativos desde 2022

 

 

A principios del año 2000, la banda Metallica descubrió que su nuevo sencillo I Disappear, grabado para la banda sonora de Misión Imposible, circulaba libremente por la plataforma Napster antes de siquiera salir a la venta. La banda entabló una demanda que se convirtió en el símbolo de una época: Napster terminó desintegrándose bajo la presión de la industria discográfica, pero el daño ya estaba hecho. La forma en que el mundo crea, distribuye y paga por la música cambió para siempre, y la industria nunca volvió a ser la misma. Más de dos décadas después, una nueva tecnología llama a la puerta de los estudios de cine, los sellos discográficos y las editoriales, y las primeras señales de alerta no llegan como entonces, desde las listas de ventas o las descargas ilegales, sino desde algo mucho más estructural: las estadísticas de empleo.

 

Lo que revelan las nóminas de Hollywood es una transformación profunda y silenciosa. Cada mes, la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS) recopila datos de unas 119.000 empresas y organismos para medir cuántas personas tienen empleo en cada sector. El economista Joseph Politano ha reunido esos datos correspondientes a la industria de la creación de contenidos en sentido amplio: cine, televisión, edición literaria, radiodifusión y diseño gráfico. El resultado dibuja una paradoja inquietante: aunque muchos de estos sectores siguen creciendo en términos de ingresos globales, en menos de cuatro años han desaparecido más de 200.000 puestos de trabajo. Solo en el último año se han perdido 50.000 empleos. En el caso concreto del cine y la grabación de sonido, había 328.500 personas con empleo registrado en septiembre de 2026; hoy el desempleo en el sector alcanza el 10,7%, más del doble que la tasa de paro general en Estados Unidos, que se sitúa en el 4,2%.

 

Las causas de esta caída son múltiples y se han ido sumando unas a otras. Politano señala factores que ya venían de antes: la concentración de grandes estudios en pocas manos, la deslocalización de rodajes hacia países con costes más bajos y el auge de los creadores independientes en redes sociales, que compiten por la atención del público sin necesidad de grandes estructuras intermedias. Pero hay un punto de inflexión claro: las huelgas de Hollywood de 2023. Los guionistas paralizaron la producción durante casi cinco meses, desde el 2 de mayo, y una de sus principales reivindicaciones fue precisamente poner límites al uso de la inteligencia artificial en la creación de guiones. Los actores se sumaron a la huelga en julio, y cuando ambos paros terminaron, la actividad no volvió a recuperar los niveles anteriores. En octubre de 2023, con los actores aún en huelga, la producción cinematográfica daba empleo a 204.100 personas; hoy esa cifra se ha reducido a 185.200.

 

La recaudación en taquilla también refleja esta dificultad. Las salas de Estados Unidos y Canadá recaudaron 8.870 millones de dólares en 2025. Es una cifra que parece alta, pero representa un 22% menos que los 11.400 millones recaudados en 2019, antes de la pandemia y las huelgas. Los analistas coinciden en que la escasez de estrenos dejada por la paralización de 2023 dejó un vacío que no se ha rellenado, y que el público no ha vuelto a acudir con la misma frecuencia. Sin embargo, hay un factor que aún no se mide del todo bien y que podría estar operando de forma más profunda: la llegada de la inteligencia artificial directamente a los platós y los estudios.

 

Netflix ya utilizó IA generativa para crear el derrumbe de un edificio en la serie El Eternauta. Ted Sarandos, codirector general de la plataforma, afirmó que el público quedó encantado con el resultado. Lo que no se sabe es hasta qué punto esta tecnología está sustituyendo tareas que antes realizaban equipos enteros: desde efectos especiales hasta edición, doblaje o diseño de escenarios. Politano señala que las productoras no están revelando el alcance real de la implantación de la IA, en parte para proteger sus derechos de autor y evitar reacciones. La Reserva Federal del Banco de San Luis estima que un 32% de los trabajadores de artes y espectáculos ya utiliza herramientas de IA en su trabajo habitual.

 

El impacto no se siente con la misma intensidad en todos los rincones de la creación. En la música, la transformación anterior —el auge del streaming— ya reconfiguró el sector hace una década: los ingresos por reproducción cayeron, pero los artistas pudieron compensar con giras y conciertos. Ahora la IA entra por una puerta distinta. Las grandes discográficas han presentado demandas contra plataformas como Suno y Udio, acusándolas de entrenar sus modelos con catálogos protegidos sin autorización. Al mismo tiempo, hemos visto el primer caso de una «artista virtual», Xania Monet, que ha firmado un contrato millonario con una discográfica con un catálogo compuesto íntegramente por canciones generadas por inteligencia artificial.

 

En el mundo editorial, las ventas de libros han recibido un impulso inesperado gracias a recomendaciones en redes como BookTok, hasta el punto de que en 2021 una directiva de Barnes & Noble describió el momento como una locura comercial sin precedentes. Pero ese brillo no llega a todos los puestos: en el sector editorial —libros, revistas y periódicos— han desaparecido 70.000 empleos en cuatro años. La caída es aún más drástica en la prensa: el índice de empleo del BLS muestra que, si en 2017 el nivel de empleo se situaba en 100 puntos, en 2025 ha caído hasta 48,7. En 2007 superaba los 215 puntos. En menos de dos décadas, la proporción de empleos en edición y creación literaria se ha reducido un 77,35%.

 

La historia de Napster enseñó que una tecnología no desaparece por más que se le ponga freno judicial; lo que cambia es quién crea, quién gana y quién se queda fuera. Hoy, la inteligencia artificial plantea un reto similar pero de mayor calado: no se trata solo de cómo se distribuye el contenido, sino de quién lo crea. Las cifras de empleo sugieren que la transformación ya está ocurriendo, y que al igual que hace veinticinco años, la industria volverá a cambiar. La pregunta es si esta vez el cambio dejará espacio para los creadores, o solo para quienes controlan las herramientas.

 

 

 

 

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