Tecnología

Mientras la mayoría se opone a los centros de datos de IA hay un grupo entusiasmado con ellos: los ladrones de mercancías

Estados Unidos concentra al menos un tercio de todos los centros de datos del mundo, y a medida que las inversiones en inteligencia artificial y servicios digitales alcanzan cotas sin precedentes, se construyen infraestructuras cada vez más grandes, potentes y demandantes de recursos, que a su vez generan crecientes protestas entre las comunidades vecinas por el aumento de la contaminación ambiental y acústica, las subidas significativas en las tarifas eléctricas locales y la fuerte presión que ejercen sobre el suministro de agua necesaria para refrigerar sus equipos. Mientras esta brecha entre el avance tecnológico y sus costes sociales se agudiza, grupos delictivos han detectado una oportunidad de negocio altamente lucrativa en el auge de estas instalaciones, convirtiéndose en nuevos protagonistas de casos de robo de gran escala en las últimas semanas. La policía del estado de Illinois recuperó recientemente dos camiones cargados de material sustraído directamente de centros de datos: primero dio con un remolque abandonado en un depósito de Chicago que contenía bobinas de cable de cobre valoradas en 300.000 dólares, y poco después descubrió que la misma persona había dejado allí una semana antes otro remolque con equipos informáticos y componentes por valor de 1 millón de dólares. Poco antes, en Canadá, se esfumaron completamente materiales destinados a estas infraestructuras por un total de 5 millones de dólares mientras se encontraban en tránsito: los contenedores salieron legalmente del puerto, fueron recogidos por personas que se hicieron pasar por transportistas autorizados y nunca llegaron a su destino, sin que las empresas detectaran ninguna irregularidad durante días.

 

El origen de esta tendencia está en que el auge de la computación avanzada ha disparado el valor de todos los componentes necesarios para estos centros, desde chips de última generación y memorias DRAM hasta metales como el cobre, convirtiéndose en un objetivo prioritario para el crimen organizado, que se suma así a un problema mucho más amplio que el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos cifra en pérdidas anuales de 35.000 millones de dólares por robo de mercancías en todo tipo de cadenas de suministro. Lo más preocupante, según advierten las autoridades y empresas de seguridad logística, es que estas bandas han dejado de actuar de forma improvisada para utilizar la propia tecnología que roban para perfeccionar sus operaciones: tal como explicó un responsable de la firma especializada Verisk CargoNet, ahora son mucho más estratégicos y saben exactamente qué productos tienen más demanda y precio en el mercado, llegando a emplear inteligencia artificial generativa para suplantar la identidad de empresas de transporte reales, falsificar documentos y comunicaciones, y manipular los sistemas de seguimiento durante días, logrando que todo pareciera estar en orden hasta que la mercancía ya era irrecuperable y había sido revendida en el mercado negro.

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