La inteligencia artificial sigue sin ganarse la confianza de la mayoría de la población estadounidense: encuestas recientes confirman que una amplia mayoría considera que su avance tendrá consecuencias negativas para la sociedad, y si hay un elemento que ha concentrado todo el rechazo son los grandes centros de datos que alimentan estos sistemas. A las críticas por su enorme consumo energético que dispara los precios de la electricidad y su elevada huella de carbono, se suma ahora una alerta sanitaria que ha encendido todas las alarmas: estas instalaciones también suponen un riesgo para el agua, y en este caso han vertido residuos con una bacteria potencialmente mortal a la red pública. El hecho ha ocurrido en Cheyenne, en el estado de Wyoming, donde las autoridades locales han decidido prohibir de forma inmediata que cualquier centro de datos vierta ningún tipo de residuo a la red de alcantarillado y agua potable, después de confirmar que un contratista que trabaja para Meta ha liberado aguas contaminadas con el patógeno Cupriavidus gilardii.
El descubrimiento fue totalmente casual: los equipos municipales realizaban sus pruebas habituales para detectar contaminación fecal cuando dieron con la bacteria, un microorganismo que no suele formar parte de los análisis rutinarios, como explicó Frank Strong, responsable del área de ingeniería del organismo de aguas de Cheyenne. Los rastreos permitieron identificar rápidamente el punto de origen: las obras del nuevo centro de datos que la compañía de Mark Zuckerberg está construyendo en la ciudad, aunque hasta el momento los técnicos no han podido determinar con exactitud en qué punto de las instalaciones se ha generado la contaminación. En cuanto se confirmó el origen, las autoridades ordenaron el cierre inmediato de las operaciones de vertido en esa ubicación y han iniciado el proceso para revocar los permisos que permitían a todos los centros de datos de la zona realizar el proceso conocido como “llenado y purga”: la práctica habitual con la que llenan de agua sus sistemas de refrigeración y vacían el fluido antes de ponerlos en funcionamiento.
El Cupriavidus gilardii es una bacteria que vive de forma natural en el suelo, y aunque se considera un patógeno oportunista que rara vez afecta a personas, suponiendo un riesgo muy superior para quienes tienen el sistema inmunitario debilitado, puede causar la muerte cuando se produce la infección. Hasta la fecha solo se han registrado siete casos de fallecimientos asociados a este microorganismo en todo el mundo, y las autoridades aseguran que por ahora no hay constancia de personas afectadas por este vertido concreto. Por su parte, un portavoz de Meta ha salido al paso de la información asegurando que la bacteria se detectó en aguas residuales, no en la red de agua potable, y que la empresa detuvo inmediatamente los vertidos y empezó a trasladar todos los residuos en camiones especializados para su tratamiento externo. Pero las autoridades locales explican que esa red de alcantarillado lleva sus aguas a plantas de tratamiento cuyo caudal se reutiliza después para el riego de parques y espacios públicos, por lo que el riesgo de exposición sigue existiendo y justifica la prohibición total.
El incidente ha reavivado todas las suspicacias de la población: si los centros de datos ya eran vistos como una carga económica y medioambiental difícil de justificar, ahora se suma la alerta sanitaria, y todo apunta a que su impopularidad en Estados Unidos no hará más que crecer en los próximos meses.
