Tecnología

«Si les dices que no, no te vuelven a hablar»: Valve culpa a los fabricantes de RAM por el precio de la Steam Machine

Valve ha presentado su nueva Steam Machine en unas circunstancias muy adversas que han determinado tanto sus características técnicas como unos precios que han sorprendido al sector, ya que el modelo básico, equipado con 16 gigabytes de memoria y 512 gigabytes de almacenamiento, alcanza los 1.039 euros, mientras que la versión con una unidad de estado sólido de dos terabytes se eleva hasta los 1.359 euros, sin incluir en ninguna de las dos opciones el mando de control, que se comercializa de forma independiente. El lanzamiento se produce además en uno de los momentos más complicados para la industria de los componentes informáticos, pues la mayor parte de la capacidad productiva mundial y de las materias primas disponibles se están desviando masivamente hacia la industria de la inteligencia artificial, lo que ha provocado un encarecimiento generalizado y una cierta escasez de piezas dirigidas al mercado de consumo; a pesar de ello, la empresa se vio obligada a cumplir el compromiso adquirido el pasado mes de noviembre cuando dio a conocer el proyecto, aunque para ello haya tenido que sortear obstáculos tan importantes que hace unas semanas incluso llegó a pedir ayuda públicamente, en tono medio serio medio de broma, para poder conseguir suministros de memoria y discos, confirmando así lo que era un secreto a voces: la falta de acuerdos ventajosos ha sido el principal motivo por el que el dispositivo ha llegado a ser tan costoso y sus especificaciones no sean tan avanzadas como cabría esperar por su precio.

 

El origen de todas estas dificultades radica en la posición negociadora que ocupa la compañía frente a los grandes fabricantes de componentes, una realidad que ha sido confirmada por fuentes internas de la propia empresa según recogen medios especializados: aunque Valve es una referencia absoluta y cuenta con una influencia inmensa dentro del mundo del software gracias a su plataforma de distribución de juegos, que genera unos beneficios inmensos y no tiene rivales de su tamaño, en el ámbito del hardware es una empresa sin peso específico, ya que ni con la consola portátil Steam Deck ni con esta nueva máquina de sobremesa realiza pedidos de volumen suficiente para interesar a los grandes suministradores. A diferencia de gigantes como Apple o Samsung, que ponen en circulación millones de dispositivos cada año y pueden por ello negociar precios especiales, plazos flexibles y condiciones exclusivas, Valve no tiene esa capacidad de compra masiva, por lo que ningún fabricante está dispuesto a ceder o a reducir sus márgenes para favorecerla; esta desventaja estructural explica por qué la compañía ha tenido que aceptar lo que le ofrecían, sin poder elegir opciones más avanzadas ni abaratar el producto, una dificultad que incluso afecta a las multinacionales más grandes en este contexto actual donde la demanda de la inteligencia artificial ha cambiado las reglas del mercado por completo.

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