Tecnología

EEUU incorpora a Países Bajos a la alianza Pax Silica: la nación anfitriona de ASML entra en el bloque antichino

 

La empresa neerlandesa ASML se ha convertido en un elemento central de la pugna tecnológica y comercial que enfrentan Estados Unidos y China, ya que es la única compañía del mundo capaz de fabricar los equipos de fotolitografía de ultravioleta extremo necesarios para producir los semiconductores más avanzados, lo que la sitúa como un cuello de botella estratégico del que dependen gigantes como TSMC, Samsung o Intel. Esta posición explica la relevancia de la adhesión oficial de los Países Bajos a la iniciativa Pax Silica, un bloque impulsado por Estados Unidos a finales de 2025 que reúne ya a dieciséis países con el propósito de construir cadenas de suministro de microchips, inteligencia artificial y tierras raras totalmente desvinculadas de la industria china; aunque el país europeo participaba desde el principio como socio, su incorporación formal se ha producido ahora tras la reunión celebrada en Washington entre los responsables comerciales de ambas naciones, poniendo de manifiesto las diferencias que aún separan sus posturas, especialmente ante la propuesta de ley MATCH que obligaría a empresas como ASML a interrumpir incluso el mantenimiento de las máquinas ya entregadas en China, una medida que los Países Bajos rechazan al defender que cada Estado debe ser quien defina sus propias normativas de control tecnológico.

 

La tensión responde a una escalada de restricciones que comenzó hace años con vetos a empresas chinas y limitaciones a la exportación de componentes, medidas que han provocado como respuesta un fuerte crecimiento de la producción nacional de semiconductores en China y la aparición de redes comerciales irregulares para sortear los controles, situaciones que ahora se intentan atajar con estas nuevas alianzas y regulaciones más estrictas. Para los Países Bajos, la situación presenta un dilema complejo, ya que ASML no solo es su empresa más valiosa, sino el principal activo que le otorga una influencia global muy superior a la que correspondería por su tamaño, aunque esa relevancia la hace también vulnerable: sin su tecnología nadie fabrica los chips más potentes, pero al mismo tiempo depende de componentes, programas informáticos y acceso a mercados que pasan por Estados Unidos, por lo que debe buscar un equilibrio para no verse obligada a tomar decisiones que dañen su actividad o sus relaciones comerciales.

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