Tecnología

Un 49% de estadounidenses ya usan la IA con frecuencia. Solo un 16% cree que trae algo bueno

El uso de la inteligencia artificial crece a un ritmo acelerado entre la población de Estados Unidos, al mismo tiempo que se extiende una sensación de inseguridad y pesimismo sobre sus consecuencias, según revela la encuesta “Estadounidenses y la IA 2026” publicada por el Centro de Investigaciones Pew. Los datos muestran que el 49 % de los adultos ya utiliza asistentes conversacionales como ChatGPT, Gemini o Copilot —frente al 33 % registrado en 2024—, con una clara ventaja para la plataforma de OpenAI, elegida por el 44 % de estos usuarios, seguida de Gemini con el 25 % y más lejos por Copilot e Inteligencia Artificial de Meta. El empleo de estas herramientas ha dejado de ser algo excepcional: el 12 % afirma recurrir a ellas varias veces al día y el 4 % lo hace de forma casi continua, principalmente para buscar información o agilizar tareas laborales, mientras que los resúmenes automáticos que ofrece el buscador de Google ya son utilizados por el 60 % de sus usuarios, lo que supone un cambio profundo en la manera en la que accedemos al conocimiento y filtramos la información disponible en la red.

 

Aunque las personas menores de 30 años duplican la tasa de uso respecto a quienes superan los 50 años —con un 57 % frente al 28 %—, son precisamente ellos quienes expresan mayor preocupación, pues la mayoría considera que esta tecnología tendrá efectos negativos tanto en su vida cotidiana como en el conjunto de la sociedad durante las próximas dos décadas. El motivo principal de esta desconfianza es la protección de los datos personales: para el 71 % de los encuestados, recurrir a la IA hace que su información sea menos segura, ya que todo lo que se escribe en estas aplicaciones se envía a los servidores de las empresas correspondientes para ser procesado, sin que exista habitualmente un cifrado que impida que esos contenidos sean consultados o almacenados por el personal de esas compañías. Ante esta limitación, han comenzado a surgir alternativas diseñadas para preservar la confidencialidad, como la función de Cómputo Privado en la Nube presentada por Apple, a la que se suma una propuesta similar lanzada por Google bajo el nombre de Cómputo de Inteligencia Artificial Privada, con el objetivo de reducir los riesgos de exposición de la información.

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