Internacional

Trump y la tentación autoritaria en Estados Unidos

El gobierno de Donald Trump está convirtiendo a la primera democracia del mundo en un laboratorio de autoritarismo. Lo que antes se veía como impensable hoy se normaliza: el manejo político de la justicia, la presión sobre instituciones autónomas y, lo más grave, el uso de las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional en territorios y competencias que son exclusivas de los estados y sus alcaldías.

En junio, el despliegue de 4 mil miembros de la Guardia Nacional y 700 marines en California, con el pretexto de “combatir la delincuencia” y “limpiar las ciudades”, abrió un nuevo capítulo de tensión entre el Ejecutivo federal y los gobiernos locales. Aunque un juez federal ya declaró que esta medida violaba la Ley Posse Comitatus de 1878, la intención quedó clara: construir un aparato de control interno militarizado bajo mando presidencial.

La excusa fue la inmigración y los disturbios urbanos. Pero lo cierto es que tropas armadas fueron vistas bloqueando calles, controlando multitudes y realizando tareas propias de la policía. Es decir, se rompió una de las reglas más sagradas de la democracia norteamericana: la separación entre la defensa nacional y la seguridad interna.

El laboratorio del autoritarismo

La democracia estadounidense está siendo forzada a operar bajo nuevas coordenadas. Trump no solo amenaza con enviar tropas a otras ciudades opositoras como Chicago u Oakland; también ha consolidado un discurso en el que cualquier resistencia local es presentada como “debilidad” frente al crimen, justificando así la intervención federal.

El peligro de este camino es evidente: Estados Unidos, la nación que históricamente se ha presentado como guardiana de la democracia, puede terminar perfeccionando un modelo de autoritarismo legalista, donde todo se hace “en nombre de la seguridad”, pero a costa de libertades fundamentales.

Una incógnita preocupante

Lo que hoy ocurre en Los Ángeles y otras ciudades norteamericanas puede derivar en un nuevo tipo de régimen híbrido: un autoritarismo electo, blindado por leyes manipuladas y sostenido por el aparato militar y de seguridad. Las consecuencias son imprevisibles, pero una cosa queda clara: cuando la línea entre democracia y dictadura comienza a desdibujarse, casi siempre es demasiado tarde para recuperarla

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