Opinión

Manuel Cotillo: PERÚ; LA POLÍTICA DE LA CONFRONTACIÓN Y LA URGENCIA DE UNA CULTURA DEL DIÁLOGO

Un país atrapado entre extremos

La política peruana atraviesa una de las etapas más tensas y desgastantes de su historia reciente. El enfrentamiento permanente se ha convertido en una forma habitual de hacer política. El insulto reemplaza al debate, la confrontación desplaza a las ideas y el odio político parece tener más fuerza que las propuestas para resolver los problemas nacionales.

En el Perú actual, amplios sectores de la extrema derecha y de la extrema izquierda han convertido la polarización en una herramienta de supervivencia política. Ambos extremos se alimentan mutuamente. Necesitan del enemigo permanente para justificar su existencia y mantener movilizadas a sus bases.

Mientras tanto, el país real —el ciudadano común— observa con frustración cómo los grandes problemas nacionales siguen sin resolverse.

LA PARADOJA DE LA POLÍTICA PERUANA

Sin embargo, existe una contradicción profundamente preocupante.

Los sectores políticos que parecen incapaces de ponerse de acuerdo en políticas de Estado fundamentales, sí logran entenderse cuando se trata de repartirse cuotas de poder, controlar instituciones o aprobar normas de conveniencia mutua.

Allí desaparecen las diferencias ideológicas.

En esos momentos surgen alianzas inesperadas, acuerdos silenciosos y pactos que revelan que, detrás de la confrontación pública, muchas veces existen intereses comunes relacionados con el control político y la preservación del poder.

La ciudadanía presencia entonces un espectáculo penoso: políticos enfrentados ferozmente ante cámaras y redes sociales, pero capaces de negociar rápidamente cuando se trata de beneficios compartidos.

EL DETERIORO DE LA CULTURA POLÍTICA

Esta dinámica ha provocado un profundo deterioro de la cultura democrática peruana.

La política dejó de ser vista como un espacio de construcción colectiva y se convirtió, para muchos ciudadanos, en un escenario de lucha de intereses personales o partidarios.

La consecuencia es grave: crece el desencanto ciudadano, aumenta la desconfianza en las instituciones y se debilita la legitimidad democrática.

Cuando la población percibe que el conflicto es utilizado como espectáculo mientras los acuerdos reales ocurren únicamente para intereses particulares, la credibilidad del sistema político comienza a erosionarse peligrosamente.

EL PERÚ NECESITA ACUERDOS NACIONALES

El Perú enfrenta desafíos enormes:

  • inseguridad ciudadana,
  • crisis económica,
  • informalidad,
  • corrupción,
  • deterioro educativo,
  • colapso del sistema de salud,
  • desigualdad territorial,
  • debilidad institucional,
  • conflictos sociales,
  • crisis ambiental y
  • ausencia de un verdadero proyecto nacional.

Ninguno de estos problemas podrá resolverse desde el odio político permanente.

Por ello, se vuelve urgente promover una nueva cultura política basada en el diálogo, la capacidad de escucha y la construcción de consensos mínimos sobre temas fundamentales para el país.

APRENDER DE OTRAS DEMOCRACIAS

En muchas democracias del mundo existen profundas diferencias ideológicas entre partidos políticos. Sin embargo, esas diferencias no impiden alcanzar acuerdos sobre políticas estratégicas de largo plazo.

Los países más estables comprenden que existen asuntos que deben estar por encima de la confrontación partidaria: educación, seguridad, crecimiento económico, salud pública, institucionalidad y defensa nacional.

La madurez democrática no consiste en eliminar las diferencias, sino en aprender a debatir civilizadamente y construir acuerdos básicos que garanticen estabilidad para la sociedad.

El Perú necesita avanzar hacia esa dirección.

EL DESAFÍO DE LOS SECTORES RESPONSABLES

Hoy más que nunca, los sectores políticos responsables, académicos, empresariales, sindicales y ciudadanos deben impulsar una exigencia nacional: abrir espacios reales de diálogo y debate serio sobre el futuro del país.

La política no puede seguir funcionando únicamente bajo la lógica de la confrontación permanente.

El Perú necesita una generación política capaz de entender que gobernar no significa destruir al adversario, sino construir condiciones para que el país avance.

MÁS DIÁLOGO, MENOS ENEMIGOS

La democracia no se fortalece cuando todos piensan igual. Se fortalece cuando quienes piensan distinto son capaces de convivir, debatir y encontrar puntos de encuentro.

El problema del Perú no es solamente la existencia de diferencias políticas. El verdadero problema es la incapacidad de convertir esas diferencias en diálogo constructivo.

Mientras la confrontación siga siendo el principal motor de la política nacional, el país continuará atrapado en la inestabilidad y el desgaste permanente.

Quizás ha llegado el momento de comprender que el Perú no necesita más enemigos internos.
Necesita más acuerdos nacionales.

Related posts

Pier Paolo Marzo: ¿Qué hacer para evitar pérdidas humanas y patrimoniales por desastres naturales ?

Manuel Cotillo

Tribuno: El mito del “Cártel de los Soles” y la vergüenza de los genuflexos

Manuel Cotillo

Qué cantidad de magnesio necesita un adulto con hígado graso cada día?

Manuel Cotillo

Leave a Comment

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Damos por sentado que estás de acuerdo, pero puedes desactivarlas si lo deseas. Acceptar Read More

Privacy & Cookies Policy