El primer gabinete de Keiko Fujimori, presidido por Luis Galarreta, nos habla de las políticas del gobierno de continuidad que asumió el 28 de julio de 2026 más que cualquier discurso. Revisémoslo.
Continuidad antes que novedad. Un primer dato es que el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Ernesto Álvarez Miranda, fue presidente del Consejo de Ministros en el período de Jerí y Balcázar, mientras que Marco Vinelli Ruiz, ahora ministro de Desarrollo Agrario y Riego fue funcionario de Agro Rural durante los períodos de Boluarte, Jerí y Balcázar; generando un perjuicio de S/ 244 mil al Estado, según un informe de Contraloría. Esta continuidad se complementa con las nuevas oportunidades a varios ex ministros y funcionarios de los gobiernos de Toledo (Sheput en Trabajo), García (Rey en Transportes, Chang en Educación, Seminario en Turismo), Humala (Shinno en Energía y Minas) e incluso Vizcarra (Belaúnde en Defensa). En suma, hay mucha menos novedad de lo que pretende mostrar la propaganda gubernamental.
Ausencia de probidad. En segundo lugar, los hechos han desmentido lo afirmado por la señora Fujimori sobre la lucha anticorrupción: quince de sus diecinueve ministros tienen investigaciones fiscales o procesos judiciales, comenzando por el presidente del Consejo de Ministros, Luis Galarreta, con dos investigaciones abiertas por lavado de activos, abuso de autoridad y organización criminal. Aunque el récord se lo lleva el ministro del Ambiente, Vladimiro Huaroc, con 51 investigaciones que incluyen desde colusión hasta depredación de áreas agrícolas. Por su parte, el ministro de Energía y Minas, Guillermo Shinno, suma 20 investigaciones. En cuanto a gravedad de los delitos, el ya mencionado Álvarez Miranda incluso tiene una investigación por homicidio, mientras que el ministro de Vivienda, Arnillas, ha sido condenado por lesiones culposas y mantiene deudas tributarias por aproximadamente 25 mil soles por obligaciones acumuladas entre 2014 y 2019.
Carencia de méritos y competencias para los cargos. En tercer lugar, tenemos que al menos 6 ministros no reúnen la experticia mínima para los altos cargos que tienen encomendados. El decano del Colegio Médico lo ha observado con claridad respecto del Ministerio de Salud, confiado a Luis Dyer, jefe de personeros de la señora Fujimori, sin experiencia en el sector y con antecedentes por falsificación de documentos. Algo similar puede decirse del encargo de la Cultura a Alberto Beingolea, de la Defensa a Rafael Belaúnde, de las Relaciones Exteriores entregadas a Carlos Espá o incluso del sector Interior, donde lo más cercano que han encontrado ha sido un militar en situación de retiro, César Astudillo.
Ya han empezado los cambios en los niveles en que se deciden los contratos, se ejecutan los presupuestos y se firman o proyectan las resoluciones: los viceministerios, las direcciones generales y las jefaturas de unidades ejecutoras, que administran los miles de millones de soles que deberían llegar a las regiones más pobres. Cabe recordar que el sistema de servicio civil (SERVIR), creado en 2013 para profesionalizar la función pública, solo ha logrado adscribir a 1800 trabajadores, el 0,1% del total— en más de una década. Y ya surgen cuestionamientos serios, como la permanencia del acuñismo en el sector Salud.
Frente a este panorama, los ciudadanos y las ciudadanas, los y las periodistas y los y las congresistas de oposición, haremos bien en recordar que “la vigilancia eterna es el precio de la libertad”, para atender a los nombramientos de segundo nivel. La historia nos muestra que la presión social organizada, la fiscalización ciudadana y el voto informado en las próximas elecciones regionales y locales, pueden frenar incluso los proyectos más autoritarios. Y al evaluar al gabinete por sus resultados en 100, 180 y 365 días, habrá que ver si se afronta el desabastecimiento de medicamentos, se reducen las muertes evitables y las violaciones de mujeres y niñas, se responde ante el Fenómeno del Niño, se capturan cabecillas de bandas de extorsión y se protegen los ecosistemas andinos, amazónicos y oceánicos.
