Medio Ambiente

La isla que perteneció a Marlon Brando impulsó el desarrollo de una tecnología para combatir el CO₂

Dos oceanógrafos que estudiaban arrecifes de coral en el atolón del Pacífico donde vivió el actor Marlon Brando desarrollaron una tecnología de captura de carbono que usa tintes y luz solar para extraer CO₂ del aire, sin necesidad de calor ni grandes plantas de energía. El sistema ya opera en un laboratorio de campo en Australia y tiene sus primeros compradores corporativos.

Según informó CNN, los cofundadores de Banyu Carbon, Alex Gagnon y Julian Sachs, llegaron en 2016 al atolón de Tetiaroa —arrecife de coral circular—, al norte de Tahití, para estudiar el impacto de la acidificación oceánica sobre los arrecifes de coral. El atolón fue adquirido por el legendario actor estadounidense en 1966 y, tras su muerte en 2004, pasó a un fideicomiso administrado por sus hijos, quienes subarrendaron parte del terreno para el desarrollo de un resort ecológico.

Fue allí donde los investigadores encontraron, de forma inesperada, el punto de partida de su tecnología climática.

El trabajo en Tetiaroa obligaba a mover grandes cantidades de carbono dentro y fuera del agua de mar para simular el aumento de la acidez oceánica. En ese proceso, Gagnon y Sachs se preguntaron si era posible invertir el mecanismo. “Estábamos moviendo mucho carbono dentro y fuera del agua de mar. ¿Y si lo hacemos al revés para extraer dióxido de carbono del aire?”, explicó Gagnon, también profesor asociado de la Universidad de Washington, en declaraciones recogidas por CNN.

La respuesta llegó en forma de fotóacidos: moléculas sensibles a la luz con capacidad para absorber y liberar CO₂. Su potencial ya quedó demostrado en una investigación de 2013 de la Organización Australiana de Investigación Científica e Industrial (CSIRO), que registró una patente al año siguiente.

Una década después, Banyu Carbon —empresa con sede en Seattle— obtuvo la licencia exclusiva de esa química y destinó tres años a perfeccionarla para hacerla viable a escala comercial. Los fotóacidos mejorados duran más, retienen mayor cantidad de CO₂ y funcionan bajo condiciones que hacen más práctica la captura de carbono.

El sistema opera de la siguiente manera: el aire ingresa a una unidad completamente oscura donde entra en contacto con una solución acuosa que contiene los tintes de fotóacidos. La solución absorbe el CO₂ y luego circula por paneles expuestos a la luz solar, que vuelve el tinte ácido y provoca la liberación de una corriente concentrada de dióxido de carbono. Ese gas puede almacenarse o emplearse en procesos industriales como la fabricación química. “Ese tinte se reutiliza una y otra vez”, señaló Gagnon.

La principal ventaja frente a otras técnicas de captura directa de aire es el bajo consumo energético. “Solo necesitamos luz solar y aire. No hace falta ductos ni grandes plantas de energía”, afirmó el CEO de Banyu Carbon. El prototipo —un contenedor de 10 pies— opera en el laboratorio de campo de CSIRO en Harvey, en el suroeste de Australia Occidental, donde las condiciones secas y soleadas son ideales para el ensayo.

El modelo puede extraer una tonelada de carbono del aire en 12 meses, una cantidad modesta frente a la magnitud de la contaminación climática global. En esta fase, el CO₂ capturado se libera nuevamente a la atmósfera, pero el objetivo es demostrar el potencial de la tecnología para su almacenamiento permanente. “Representa un gran paso hacia la comercialización”, dijo Gagnon a CNN.

El mercado de remoción de carbono ofrece contexto sobre los desafíos que enfrenta la empresa. Según una evaluación científica reciente citada por el medio, los proyectos de este tipo eliminan actualmente alrededor de 2.200 millones de toneladas de CO₂ al año, pero el 99,9% corresponde a métodos convencionales como la plantación de árboles. Las tecnologías innovadoras, incluida la captura directa de aire, representan apenas una fracción marginal de ese total.

El financiamiento es uno de los obstáculos centrales. Mark Patel, socio sénior de McKinsey especializado en tecnología climática, señaló a CNN que “los prestamistas y financistas necesitan una señal clara de que los productos tienen valor en el mercado, algo que hoy es incierto para muchas soluciones”. Entre las barreras identificó la falta de datos de desempeño verificables y los problemas en la ejecución de proyectos.

Hasta la fecha, Banyu Carbon recaudó USD 8,5 millones de inversores y cerró contratos de precompra por USD 500.000 con dos empresas. Con respaldo suficiente, la compañía aspira a escalar sus operaciones a principios de los años 2030 para extraer alrededor de 500.000 toneladas de carbono por instalación al año, a un costo de USD 200 por tonelada. Gagnon fue categórico al advertir que la captura de carbono no reemplaza la reducción de emisiones: “La forma más eficiente de eliminar CO₂ es no emitirlo en primer lugar”.

 

 

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