El Congreso contra la prensa
El Congreso Nacional, convertido en un verdadero omnipoder, legisla cada vez menos en beneficio del país y más en función de intereses de grupo. Su dinámica se ha vuelto un toma y daca permanente: hoy por ti, mañana por mí.
Ahora, en su carrera por blindajes y favores, promueve una norma que busca sancionar y castigar a los periodistas que usen chats, correos u otros medios de comunicación vinculados a procesos judiciales. Detrás del discurso de la “reserva” se esconde un objetivo evidente: limitar el trabajo de la prensa de investigación, la misma que permitió destapar y sancionar los pocos casos de corrupción que realmente llegaron a justicia en las últimas décadas.
No es una norma para proteger la legalidad. Es una norma para protegerlos a ellos. Para que los escándalos no salgan a la luz, para que la corrupción se oculte mejor, para que la ciudadanía se quede ciega. El Congreso que debería ser contrapeso del poder, se ha convertido en su peor distorsión: un club de intereses privados con poder absoluto.
