José Cotrina
A puertas de una nueva elección de Mesa Directiva, el Congreso de la República vuelve a ser el escenario de una disputa en la que los intereses por el control institucional pesan más que la representación democrática o la agenda ciudadana. La coalición parlamentaria que sostiene a Dina Boluarte –formada por Fuerza Popular, Alianza para el Progreso, Renovación Popular, Honor y Democracia, Perú Libre y sus satélites– se prepara para renovar su mandato interno sin sobresaltos ni sorpresas.
No se trata de una elección, sino de una ratificación del pacto de impunidad que gobierna el Parlamento. Esta coalición, cuya prioridad ha sido someter al ejecutivo con la espada de la vacancia, así como copar los organismos clave del Estado –desde la Defensoría del Pueblo hasta la Junta Nacional de Justicia, pasando por el Tribunal Constitucional y el Ministerio Público–, busca garantizarse un año más de blindaje político y control institucional. La disputa no es ideológica: es estratégica. Se trata de quién garantiza mejor la continuidad del botín.
José Jerí y José Cueto: la pelea entre similares
Dos listas se perfilan como las más fuertes: la encabezada por José Jerí (Somos Perú), y la del almirante en retiro José Cueto (Honor y Democracia). Pero como ha señalado el congresista Alex Flores, ambos representan “casi la misma propuesta”. No se equivocan. Son dos facciones del mismo bloque conservador, ambas alineadas en su intención de mantener la hegemonía congresal para condicionar el rumbo del país desde el Parlamento, el único poder que hoy funciona sin contrapesos reales.
Detrás de Jerí se agrupan Fuerza Popular, APP, Perú Libre y, posiblemente, Somos Perú. Detrás de Cueto están Renovación Popular, Podemos Perú y Honor y Democracia. Mientras tanto, la izquierda y Acción Popular –con 27 votos combinados– vacilan entre apoyar una de estas listas o impulsar una tercera vía que, al cierre de este artículo, aún no termina de consolidarse.
Una oposición sin estrategia ni narrativa
La parálisis de la oposición evidencia no solo debilidad numérica, sino ausencia de una propuesta clara y unificada. Entre el deseo de no entregar el poder a los extremos y el temor de asumir costos políticos, la izquierda y el centro tibio (Acción Popular, Avanza País, Juntos por el Perú) se enredan en sus propias contradicciones.
Mientras tanto, el oficialismo real –es decir, el bloque de partidos que maneja el Congreso y que ha blindado a Boluarte en todo momento– ya tiene sus piezas listas para otra temporada de control absoluto. La primera vicepresidencia es una pieza codiciada por Fuerza Popular, pero también la utiliza Cueto como anzuelo para tentar a Acción Popular. Incluso Avanza País, siempre esquivo y ambiguo, coquetea con ambas listas para colocar a Rosselli Amuruz o Alejandro Cavero en la Mesa Directiva.
El Congreso del poder por el poder
La elección de la nueva Mesa Directiva no es más que un reflejo de lo que este Congreso ha venido cultivando: un régimen parlamentario de facto que, bajo el disfraz de equilibrio de poderes, viene asaltando uno a uno los espacios institucionales que deberían velar por la legalidad, la transparencia y la democracia.
Mientras tanto, la ciudadanía permanece ausente del cálculo. No hay debate sobre la urgencia de una reforma política, ni sobre la necesidad de devolver legitimidad al Parlamento. El poder se negocia en cuartos cerrados, se reparten cuotas y se afianzan alianzas de conveniencia.
La Mesa Directiva que se elija en los próximos días será, probablemente, otra expresión de este ciclo de control absoluto, donde lo importante no es representar al país, sino mantener la maquinaria funcionando al servicio de quienes hoy ocupan el poder legislativo.
Y si la oposición no logra articular una alternativa firme, ética y coherente, el Congreso seguirá siendo la trinchera desde donde se gobierna sin gobernar, se destruye sin proponer, y se protege a los poderosos mientras se olvida a la ciudadanía.
