La seguridad y la paz de una nación no se garantizan únicamente con discursos diplomáticos. Se sostienen con instituciones sólidas, con capacidad real de disuasión y con una visión estratégica que coloque a la defensa como parte del desarrollo nacional. En el Perú, durante décadas, nuestras Fuerzas Armadas han cargado con el peso de un equipamiento rezagado, presupuestos insuficientes y una dependencia casi total de proveedores extranjeros. El resultado: vulnerabilidad tecnológica y escasa autonomía estratégica.
Hoy, el proyecto de ley que impulsa el Ministerio de Defensa para promover la industria de defensa ofrece una oportunidad histórica: convertir a nuestras Fuerzas Armadas en el núcleo de una base tecnológica e industrial capaz de garantizar seguridad y, al mismo tiempo, desarrollo económico.
El debate no es menor. Modernizar las Fuerzas Armadas con inteligencia artificial, drones, ciberdefensa, satélites y sistemas de innovación propios, no es un camino hacia la guerra. Al contrario: es un camino hacia la paz sostenible. La historia demuestra que los países con ejércitos tecnológicamente avanzados no son los que buscan conflictos, sino los que logran disuadirlos.
Pero lo más trascendente está en lo civil. En tiempos de paz, las Fuerzas Armadas no deben permanecer ociosas, sino convertirse en motores de producción, innovación y empleo. La experiencia de países como Corea del Sur, Israel o Brasil confirma que la industria militar puede transformarse en un pilar de la economía: lo que se crea para la defensa —comunicaciones, transporte, energía, software— tiene aplicaciones inmediatas en la vida cotidiana de los ciudadanos.
El proyecto de ley del Mindef apunta en esa dirección: incentivos tributarios para empresas nacionales, impulso a la investigación científica, programas de formación técnica y profesional, y una estrategia de autonomía productiva que reduzca la dependencia del extranjero. Si el Congreso aprueba esta norma con la mirada puesta en el interés nacional, el Perú podrá iniciar un camino donde seguridad y desarrollo se refuercen mutuamente.
Claro está, no basta con una ley. Será necesario un Estado capaz de vigilar que la modernización no se convierta en pretexto para negocios turbios, compras innecesarias o corrupción. Se requiere transparencia, auditoría ciudadana y una política de defensa que piense en el país antes que en los contratos.
Las Fuerzas Armadas del futuro no deben limitarse a desfilar el 29 de julio. Deben ser garantía de paz y laboratorios de innovación, aportando conocimiento, empleos y desarrollo. Preparadas para disuadir cualquier amenaza, pero, sobre todo, para construir un Perú más moderno y soberano.
