La renuncia de César Acuña al Gobierno Regional de La Libertad, para tentar por tercera vez la presidencia de la República, confirma un patrón que está degradando profundamente la política peruana: el uso de los cargos públicos como trampolines personales y no como espacios de servicio al país.
Al igual que en el caso de Rafael López Aliaga, la decisión se anunció en el último día del plazo electoral, no por sentido de oportunidad política, sino por cálculo estratégico. Lo más grave es que estas renuncias no vienen acompañadas de gestiones cumplidas ni de compromisos honrados: llegan cargadas de promesas incumplidas, obras inconclusas y discursos vacíos sobre el “amor al país”.
Acuña, líder de Alianza para el Progreso, no solo deja un gobierno regional a medio camino; además, ha sido cuestionado por infringir normas de neutralidad electoral al utilizar sus redes oficiales para hacer propaganda política. Este tipo de actos muestran claramente cómo algunos políticos entienden el poder: como un instrumento para perpetuarse, no para servir.
Aquí no se trata de ideologías. Se trata de principios básicos de respeto, coherencia y ética pública. Cuando una autoridad promete servir a un pueblo por un periodo y luego abandona el cargo para buscar otro puesto, está mintiendo a quienes confiaron en ella.
Cuando utiliza recursos, visibilidad y estructuras estatales para favorecer su campaña, está abusando del poder.
Y cuando se siente con derecho a hacerlo sin consecuencias, está diciendo que en el Perú, la dignidad, el respeto y el país no importan.
Esta conducta repetida —de autoridades que renuncian para seguir escalando— ha hecho un daño enorme al país: ha debilitado la institucionalidad, ha desmoralizado a la ciudadanía y ha convertido las elecciones en un juego de intereses personales y económicos.
Solo una ciudadanía consciente, vigilante y activa puede romper este círculo vicioso. El poder político no debe ser una propiedad privada ni un negocio personal. Debe ser un contrato de servicio y lealtad con el país. Y quien no entienda eso, no merece gobernar.
