En medio de una ciudad golpeada por la delincuencia, el caos urbano y la desesperanza ciudadana, Renzo Reggiardo juró hoy como nuevo alcalde metropolitano de Lima, comprometiéndose públicamente a “entregarse por completo para revertir la situación de inseguridad que vive la capital”.
La ceremonia, realizada en presencia del presidente de la República, José Jerí, ministros, congresistas, alcaldes distritales y representantes de los poderes del Estado, marcó el inicio de una gestión que —según el propio Reggiardo— tendrá como prioridad recuperar la tranquilidad perdida en los barrios limeños.
“Sé que muchas familias viven con miedo, que muchos vecinos sienten que la tranquilidad se ha ido perdiendo poco a poco. Como alcalde de Lima, me entregaré por completo para revertir esta situación”, afirmó durante su discurso.
El mensaje del nuevo burgomaestre contrasta con el triunfalismo con que su antecesor, Rafael López Aliaga, asumió el cargo a inicios de 2023, prometiendo convertir a “Lima en una potencia”, solucionar el transporte y acabar con la inseguridad. Dos años después, las cifras lo desmienten rotundamente: la delincuencia se ha triplicado, el tráfico ha alcanzado niveles récord y la ciudad luce más fragmentada y tensa que nunca.
Reggiardo, en cambio, apeló a la humildad y al trabajo conjunto. Llamó a los regidores metropolitanos a “dejar las diferencias de lado y trabajar por el bien común”, y exhortó al presidente Jerí a “asumir con firmeza su liderazgo para recuperar la paz”.
El nuevo alcalde también aseguró que culminará su mandato hasta diciembre de 2026, desmintiendo las versiones que apuntaban a una eventual renuncia anticipada para postular nuevamente en los comicios regionales y municipales. “Sí, sí, sí… es mi compromiso”, dijo tajantemente.
Respecto a las medidas concretas en materia de seguridad, Reggiardo indicó que éstas deben venir acompañadas de un “paquete integral de decisiones” por parte del Gobierno central y del Congreso, al que se ha solicitado otorgar mayores facultades en seguridad ciudadana.
Lima vive un momento crítico: una metrópoli donde el miedo, la informalidad y la desconfianza han desplazado al civismo y la esperanza. En ese contexto, la promesa de Renzo Reggiardo de “entregarse por completo” no debe tomarse como una frase de ocasión, sino como un pacto moral con la ciudad.
Lima no necesita más slogans ni megaproyectos sin rumbo. Necesita gestión, serenidad y resultados. El tiempo —una vez más— dirá si esta juramentación marca el inicio de un cambio real o si será otro capítulo en la larga historia de promesas incumplidas en la capital del Perú.
