Actualidad

Una presidencia congresal hecha a la medida del poder

La reciente elección de la Mesa Directiva del Congreso no fue un acto de apertura democrática ni de renovación institucional. Fue, más bien, una jugada cuidadosamente calculada por la coalición gobernante, una pieza más en el tablero de control político que hoy asfixia al país.

La figura de José Jerí, elegido para presidir el Congreso —y que por la actual coyuntura también ejerce como presidente de la República—, no es producto del consenso republicano, sino de un acuerdo cocinado con precisión milimétrica. Su perfil, descrito por varios analistas como “amable”, “dialogante” y “no confrontacional”, es funcional para los intereses de quienes realmente manejan los hilos del poder.

No se trata de un liderazgo fuerte, con visión o carácter transformador. Se trata de alguien que “no quiere pelearse con nadie”, que buscará mantener a todos contentos, que no pondrá obstáculos a los acuerdos cerrados en la trastienda. Es decir, el presidente del Congreso perfecto para quienes gobiernan desde las sombras.

Hay dos hipótesis que hoy circulan en los pasillos políticos:

  1. Que Jerí fue elegido precisamente por ser un político conciliador y fácil de presionar, capaz de garantizar una transición sin turbulencias para la coalición gobernante.

  2. Que fue puesto allí para ser sacrificado más adelante: un presidente de corta duración, que terminará censurado en medio de la tormenta política, dejando libre el camino para que un representante de Fuerza Popular asuma el control del Congreso y, por extensión, del Ejecutivo.

Si esto último se confirma, la jugada sería magistralmente perversa: quemar a un presidente débil para colocar a uno de los suyos justo en medio del proceso electoral, controlando las instituciones clave, incluyendo las que deberían garantizar la limpieza de los comicios. No sería la primera vez que se usa esta táctica en la historia política peruana.

No sorprende, entonces, que la oposición haya presentado ya una moción de censura contra la Mesa Directiva. No es solo una pugna por nombres. Es la evidencia de que el Congreso es hoy el centro de un reacomodo de poder de alto riesgo para la democracia.

La coalición gobernante sabe que su permanencia no depende del voto ciudadano, sino de su capacidad para capturar el aparato estatal —desde el Congreso hasta la Presidencia—. Para ello necesitan un presidente del Legislativo manejable, moldeable, sustituible. Y Jerí, con su perfil conciliador y su falta de confrontación, encaja perfectamente en ese molde.

Si cae, subirá quien verdaderamente representa los intereses de esa coalición. Si se queda, será funcional a esos mismos intereses. En ambos escenarios, el país pierde institucionalidad y autonomía política.

Mientras tanto, el Perú asiste a este reacomodo como espectador. Pero el desenlace afectará directamente la legitimidad de las elecciones de 2026. Lo que está en juego no es solo un cargo: es la neutralidad del Estado y el futuro de la democracia.

Related posts

JNJ continúa con proceso de destitución de Delia Espinoza pese a resolución de Juzgado Constitucional

Manuel Cotillo

Curwen en La República: «Pareciera que un guionista de Al Fondo Hay Sitio escribiera la política peruana»

Manuel Cotillo

¡Despierta sin resaca! Los caldos milagrosos para sobrevivir el día después de Año Nuevo

gigakorp

Leave a Comment

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Damos por sentado que estás de acuerdo, pero puedes desactivarlas si lo deseas. Acceptar Read More

Privacy & Cookies Policy