Algo nuevo, algo viejo y algo azul. El viejo dicho de las bodas es la síntesis de lo que representa Sébastien Lecornu como siguiente jefe del Gobierno francés, el quinto desde que comenzara la segunda legislatura de Emmanuel Macron. Hombre de confianza del presidente desde su llegada al poder en 2017, Lecornu promete ser una continuación política de los Ejecutivos previos designados por Macron. Ministro de Defensa durante el mayor rearme de Europa, el nuevo primer ministro es visto también como una posibilidad de mejorar las relaciones con las formaciones de derecha de la Asamblea Nacional, polarizada y hostil ante el Gobierno, y un mayor acento a la militarización. Su ideología neogaullista promete un giro hacia la derecha clásica francesa y el perfil negociador del normando puede ser un activo político de gran valor en una París incendiada políticamente.
Lecornu tiene delante varios desafíos: encauzar las cuentas públicas, recuperar la confianza tanto dentro como fuera de Francia y preparar a la nación gala ante las nuevas amenazas, desde la geopolítica y la militarización hasta las crisis medioambientales y la desigualdad económica. Su elección ha sido criticada por los medios locales de «continuista», aunque esperan un giro hacia la derecha que trate de arrimarse a Agrupación Nacional, formación encabezada por Javier Bardella y Marine Le Pen, para desbloquear los presupuestos.»Por desgracia, nací viejo». Con estas palabras suele presentarse quien ha sido hasta ahora el ministro de Defensa más joven de Francia desde los tiempos de la Revolución. La elección de Lecornu, un neogaullista como suele identificarse, virará el Ejecutivo francés hacia posiciones más clásicas dentro de la derecha republicana. Para Macron, representa un alivio frente a Bayrou. Según los medios franceses, el presidente llevaba tiempo queriendo poner a Lecornu al frente del Gobierno para que se hiciera cargo de la política francesa. Poco a poco ha ido quemando los cartuchos hasta que ha podido elegir a su candidato ideal.
Lecornu, exmiembro de Los Republicanos, se adhirió al movimiento macronista a mediados de la década pasada, cuando el político nativo de Amiens ganó las presidenciales frente a Le Pen en 2017. Desde ese momento, Lecornu ha estado presente en todos los Gobiernos de Macron. Como ministro de Asuntos Locales, Lecornu fue el primer espada en la gira que Macron hizo al campo para calmar el movimiento de los chalecos amarillos, lo que le granjeó una confianza personal con el presidente. De ahí pasó a gestionar la cartera de Ultramar, un ministerio complejo en la política francesa al tener que gestionar tantos territorios diversos y con fuertes movimientos independentistas.
El protagonismo de Lecornu llegó tras las elecciones de 2022, en las que Macron revalidó un segundo mandato. Al estar compartido el Poder Ejecutivo en Francia entre presidente y primer ministro, el jefe del Estado suele establecer las líneas generales en el plano doméstico y se centra en la política exterior y militar. La llegada de Lecornu al Ministerio de las Fuerzas Armadas de Francia, como se denomina oficialmente, con la guerra de Ucrania como telón de fondo ha alimentado un rápido rearme que este 2025 se ha consagrado en un incremento del gasto militar anual del 2% de la producción nacional al 5% para 2035.
Las firmas militares han sido las principales beneficiarias de este rearme. Francia siempre ha mantenido un férreo control de su industria de guerra y un ejército compuesto de tecnología propia, incluido el arsenal nuclear, que es independiente de Estados Unidos.
