El Phi, un superyate ruso valorado en US$50 millones, fue diseñado para navegar por las aguas del Mediterráneo y el Caribe.
Pero, en lugar de eso, la embarcación de 59 metros de eslora lleva más de tres años retenida en Londres tras ser incautada al culminar su primer viaje.Es uno de más de una decena de superyates rusos retenidos en distintas partes del mundo tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia.Varios de ellos han generado enormes complicaciones legales y financieras a los gobiernos responsables de su detención.»La incautación de superyates fue algo muy visible, algo que podía aparecer en la portada de un periódico», afirma Tom Keatinge, director del Centro de Estudios sobre Delitos Financieros y Seguridad del Royal United Services Institute.Pero, puntualiza, «no se logró mucho desde una perspectiva bélica y ha cargado a los gobiernos con problemas que no anticiparon».Este martes, la Corte Suprema del Reino Unido decidirá si el Phi podrá zarpar libremente o seguirá retenido en el muelle sur de Canary Wharf, en Londres.
«Bienvenidos al Phi», dice el capitán Guy Booth.»Aquí, en el corazón de Londres, no es donde quisiéramos estar».A bordo, muestra algunas de las características de lujo del superyate, como una piscina climatizada de agua dulce.»Podemos ajustar la altura que queramos, puede llegar hasta 1,7 metros de profundidad», explica.Cerca hay una hoguera de gas y una sala de estar que se convierte en cine, mientras que el apartamento estilo ático del propietario cuenta con una terraza privada.El superyate permanece varado desde marzo de 2022 bajo una legislación que permite al gobierno británico retener embarcaciones vinculadas a Rusia con el objetivo de presionar a la élite de ese país y, en consecuencia, al presidente Vladímir Putin.Pero el propietario del Phi —y empleador del capitán Booth—, el magnate inmobiliario ruso Serguéi Naumenko, ha presentado una serie de demandas contra el Departamento de Transporte británico para intentar liberar su embarcación.El caso ha pasado por el Tribunal Superior y el Tribunal de Apelación, y ahora ha llegado a la Corte SupremaSu equipo legal alega que, dado que Naumenko nunca ha recibido sanciones financieras de Reino Unido y carece de vínculos con Putin, la retención del superyate viola su derecho legal a disfrutar pacíficamente de su propiedad.No obstante, el gobierno ha argumentado con éxito hasta ahora que tiene derecho a retener activos de oligarcas rusos para aumentar la presión sobre el Kremlin.
Los problemas en torno al Phi no son algo único.Superyates rusos retenidos en todo el mundo están generando dolores de cabeza legales y facturas de mantenimiento que ascienden a decenas de millones de dólares para los gobiernos que los custodian.»Los problemas legales relacionados con su mantenimiento claramente no fueron previstos por los gobiernos», afirma Alex Finley, exoficial de la CIA que trabajó en Europa y ha escrito sobre superyates rusos y sanciones.El mantenimiento de un superyate es costoso: normalmente equivale a al menos al 10% de su valor cada año.Esto puede significar millones de dólares anuales, o decenas de millones en el caso de embarcaciones más grandes.»Está costando mucho dinero a algunos gobiernos», añade Finley.Como el propietario del Phi no está sancionado, él mismo está pagando su mantenimiento.Pero otros superyates en todo el mundo tienen propietarios que sí están sancionados, por lo que las leyes locales les impiden transferir fondos para su mantenimiento.En Italia, por ejemplo, se informa que las autoridades han gastado más de US$30 millones desde marzo de 2022 en mantener el Sailing Yacht A, valorado en US$600 millones, cuyo propietario está sancionado.El país también retiene algunos superyates más pequeños.En Estados Unidos, el mantenimiento del Amadea, de 106 metros de eslora, le ha costado al gobierno más de US$30 millones.
