Economía

Manuel Cotillo: Las mypes; el verdadero motor humano y económico del Perú

Cada 15 de mayo, el país celebra el Día Nacional de la Mype. Para muchos, puede parecer una fecha más en el calendario; sin embargo, detrás de ella existe una realidad que merece ser reconocida, defendida y revalorizada por toda la sociedad peruana. Las micro y pequeñas empresas no solo representan el 99,2% de las empresas formales del país, sino que constituyen el corazón económico y social del Perú.

Hablar de las mypes es hablar de millones de peruanos que todos los días se levantan antes del amanecer para abrir una pequeña tienda, preparar un pedido, atender un mercado, fabricar un producto, conducir un vehículo, administrar un taller, vender servicios o luchar por mantener vivo un negocio familiar. Son hombres y mujeres que sostienen hogares, crean empleo y mantienen en movimiento la economía nacional aun en las peores circunstancias.

Hoy existen más de 2 millones 441 mil mypes formales en el Perú. Generan más de 10 millones de puestos de trabajo y representan alrededor del 87% del empleo privado nacional. Estas cifras no son simples estadísticas: significan millones de familias que dependen directamente del esfuerzo, sacrificio y perseverancia de pequeños empresarios que, muchas veces, trabajan sin descanso y con enormes limitaciones.

Desde el punto de vista económico, las mypes aportan más del 20% del Producto Bruto Interno del país y movilizan cientos de miles de millones de soles al año. Sectores como comercio y servicios concentran más del 85% de estas unidades económicas, demostrando que el Perú real no se mueve únicamente desde las grandes corporaciones o los grandes grupos económicos, sino principalmente desde el pequeño emprendedor que lucha diariamente por sobrevivir y crecer.

Pero el valor de las mypes va mucho más allá de las cifras económicas. Su importancia es profundamente humana y social. Son ellas las que absorben mano de obra cuando el desempleo golpea al país. Son ellas las que permiten que miles de familias encuentren una fuente de ingresos cuando el Estado no logra generar suficientes oportunidades laborales. En otras palabras, las mypes le resuelven al país uno de sus problemas más complejos: el empleo.

Sin embargo, pese a su enorme contribución, este sector históricamente ha sido tratado con indiferencia, incomprensión y, muchas veces, hostilidad. El pequeño empresario peruano no siente al Estado como un aliado, sino como una amenaza constante. Para muchos emprendedores, municipalidades, entidades públicas y organismos fiscalizadores representan trabas, sanciones, burocracia y presión económica antes que orientación, promoción o apoyo real.

La situación se vuelve aún más crítica cuando muchas grandes empresas y hasta entidades del propio Estado retrasan pagos, incumplen compromisos o utilizan su posición dominante para perjudicar a pequeños proveedores. Esa realidad asfixia financieramente a miles de negocios, llevándolos incluso al cierre o la liquidación. Mientras tanto, el pequeño empresario continúa resistiendo prácticamente solo.

Y aun así, sobreviven.

Sobreviven pese a la falta de financiamiento.
Sobreviven pese a la escasa tecnología.
Sobreviven pese a la informalidad del mercado.
Sobreviven pese a la inseguridad.
Sobreviven pese a la burocracia y la presión tributaria.

Por eso, los pequeños empresarios peruanos son verdaderos héroes económicos y sociales. Son guerreros cotidianos que avanzan con esfuerzo propio, creatividad y sacrificio personal. Cada negocio pequeño que permanece abierto representa una historia de lucha, de valentía y de esperanza.

El Perú tiene una deuda histórica con las mypes. El apoyo estatal no puede seguir siendo únicamente discursivo o simbólico. Promover a las mypes significa simplificar trámites, reducir cargas innecesarias, garantizar pagos oportunos, facilitar acceso al crédito, brindar capacitación tecnológica y generar condiciones reales para que puedan crecer.

A veces, incluso, el mayor apoyo que podría recibir este sector sería simplemente que el Estado deje de obstaculizarlo y permita que trabaje con tranquilidad.

Un país que no protege a sus pequeños empresarios termina debilitando su propia economía. Porque cuando una mype cierra, no solo desaparece un negocio: desaparecen empleos, oportunidades y sueños familiares.

Por ello, en el Día Nacional de la Mype, el reconocimiento debe ir más allá de los discursos oficiales. El Perú necesita comprender que las micro y pequeñas empresas no son un sector secundario: son el verdadero motor de la economía nacional y el principal sostén de millones de hogares peruanos.

Defender a las mypes es defender el trabajo digno.
Defender a las mypes es defender la economía popular.
Defender a las mypes es defender al Perú real.

Y quizá haya llegado el momento de que el país entero empiece a valorar a estos emprendedores no como simples contribuyentes o cifras económicas, sino como lo que realmente son: la fuerza que mantiene vivo al Perú todos los días.

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