El flamante acuerdo comercial entre Donald Trump y Javier Milei desató una fuerte controversia en los círculos diplomáticos y económicos de Buenos Aires. Aunque desde la Casa Rosada se lo presentó como un «histórico avance en la integración estratégica con los Estados Unidos», un análisis detallado del borrador revela un marcado desequilibrio: Estados Unidos obtiene 14 beneficios concretos, mientras que la Argentina solo recibe uno, acompañado de seis compromisos recíprocos cuyo alcance todavía permanece indefinido.
El entendimiento, que se firmará en Washington en las próximas semanas, implica una apertura masiva del mercado argentino a prácticamente cualquier producto estadounidense, desde medicamentos hasta maquinaria, tecnología, autos y alimentos. Pero, según fuentes diplomáticas que hablaron con iProfesional, también supone que Argentina aceptará las normas técnicas, regulatorias y de propiedad intelectual de los Estados Unidos, lo que podría convertir al país en «una plaza sin defensas» para la industria local.
«Lo que en Estados Unidos esté aprobado, acá ingresará sin discusión», explicó a iProfesional un diplomático con intervención directa en las negociaciones. En términos prácticos, la Argentina renuncia a exigir evaluaciones técnicas propias: si la FDA, el Departamento de Agricultura o cualquier agencia norteamericana valida un producto, ese producto entrará al mercado argentino sin requisitos adicionales.
Esto implica una renuncia a la potestad regulatoria nacional en sectores sensibles como alimentos, medicamentos y tecnología industrial. Varios especialistas advirtieron que la medida también podría facilitar la entrada de bienes más baratos —o subsidiados—, afectando a Pymes e industrias locales que no pueden enfrentar esas condiciones de competencia.
Uno de los puntos más polémicos es la obligación de prohibir importaciones de bienes producidos mediante «trabajo forzoso«, una redacción que en la práctica funcionaría como un veto a productos originados en China. Para la diplomacia estadounidense, es un instrumento estratégico. Para la economía argentina, puede implicar tensiones con su principal socio comercial.
