En el escenario internacional, los consensos rara vez son unánimes. Sin embargo, hay ocasiones en las que la casi totalidad de los países avanza en una misma dirección, y la excepción se vuelve especialmente visible.
En un marcado contraste con el resto de América Latina, Panamá es el único país de la región que no reconoce el Estado Palestino.
Después de que México rompiera este año con su principio de neutralidad diplomática -basado en lo que se conoce como la doctrina Estrada- y se adhiriera a la solución de los dos Estados, uno palestino y otro israelí, el gobierno panameño de José Raúl Mulino se ha quedado solo en Latinoamérica.
Y lo hace en un momento en el que varios países aprovecharon la reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York esta semana para reconocer al Estado Palestino. Reino Unido, Australia, Canadá y Portugal lo hicieron durante el fin de semana impulsados por la grave crisis humanitaria que atraviesa Gaza y Francia un día más tarde.
Las razones de por qué Panamá mantiene esta postura en su política exterior tienen raíces históricas, comerciales y diplomáticas.
Por ejemplo, tras la declaración de independencia de Israel en mayo de 1948, Panamá se convirtió en uno de los primeros países en reconocer la creación del Estado judío y en apoyar la entrada del nuevo país a Naciones Unidas como miembro de pleno derecho.
La embajada de Israel en Panamá atribuye al país centroamericano también una «histórica» contribución al nacimiento de la Fuerza Aérea Israelí que sirvió para disuadir a los países árabes de su entorno de una posible invasión.
