El uso de fuegos artificiales durante celebraciones es una costumbre extendida en todo el mundo, pero sus efectos sobre la fauna silvestre suelen pasar desapercibidos. Las explosiones y destellos pueden desencadenar episodios de pánico, lesiones e incluso la muerte en diversas especies, especialmente aves y mamíferos pequeños.
En un artículo de la revista National Geographic se cita a especialistas que han documentado casos, como el hallazgo de cientos de aves muertas en Bulgaria tras una exhibición pirotécnica. Las necropsias revelaron heridas internas, plumas arrancadas y fracturas en las alas, daños que los expertos relacionan directamente con la huida desesperada provocada por los estruendos.
Stephany Lewis, directora de la clínica veterinaria Wildlife Medical Clinic de la University of Illinois, alerta sobre la frecuencia de estos episodios y la dificultad de registrarlos: tras cada festividad con fuegos artificiales, las clínicas veterinarias reciben más animales heridos. Lewis afirma: “Cualquier lesión traumática que vemos la mañana posterior, siempre sospechamos que los fuegos artificiales son la causa, a menos que el hallazgo del animal indique otro motivo”.
Diversos estudios científicos refuerzan estas observaciones. Un trabajo de 2022 evidenció en gansos grises una fuerte respuesta de estrés fisiológico tras los fuegos artificiales de Año Nuevo, con aumentos en la frecuencia cardíaca y temperatura corporal. Investigaciones en Berlín y los Países Bajos han documentado alteraciones en patrones de vuelo y huidas masivas de aves ante las explosiones.
Para especies con audición aguda, como los búhos, el riesgo es aún mayor, advierte Anna Tobin del centro de rehabilitación de fauna New Mexico Wildlife Center, quien también destaca la vulnerabilidad de los jóvenes en época de aprendizaje de vuelo.
A pesar de la frecuencia con la que ocurren estos incidentes, los especialistas reconocen que es difícil cuantificar el verdadero impacto de los fuegos artificiales sobre la fauna.
Stephany Lewis explica que muchos de estos episodios no quedan registrados: los animales pueden morir en lugares inaccesibles o simplemente no ser encontrados, y la relación entre la causa de la lesión y el uso de pirotecnia suele pasar desapercibida. Además, quienes se dedican a rehabilitar fauna silvestre rara vez presencian el momento del accidente, lo que complica la atribución directa.
Los estudios disponibles suelen centrarse en aves debido a la facilidad para observar cambios en sus patrones de vuelo. Sin embargo, los investigadores subrayan que los efectos sobre otras especies probablemente sean igual de preocupantes, aunque mucho menos visibles y documentados.
Las explosiones de los fuegos artificiales provocan reacciones inmediatas y visibles en numerosas especies. En aves, los especialistas describen respuestas de pánico: vuelos erráticos, choques contra objetos y abandono de los lugares habituales de descanso. Un estudio en Berlín observó cómo varias especies de córvidos evitaban sus árboles de dormida tras la medianoche, mientras que en los Países Bajos se documentaron huidas masivas de aves ante los estruendos.
En cuanto a la respuesta fisiológica, una investigación de 2022 reveló en gansos grises un incremento en la frecuencia cardíaca y la temperatura corporal después de los fuegos artificiales, un coste energético para los animales. Lewis señala que cualquier animal encontrado con lesiones traumáticas tras estas celebraciones suele ser considerado una posible víctima de la pirotecnia.
Las aves no son las únicas afectadas. Especies como conejos y ciervos, que actúan como presas, tienden a huir instintivamente ante ruidos súbitos, lo que puede llevarlos a chocar con cercas u otros obstáculos, especialmente en la oscuridad. Las consecuencias incluyen heridas graves, estrés e incluso la muerte.
El uso de fuegos artificiales durante la primavera y el verano coincide con la época de cría de muchas especies. Anna Tobin advierte que los animales jóvenes, como los polluelos que están aprendiendo a volar, son especialmente vulnerables al pánico causado por las explosiones. El estrés puede llevar a las madres a abandonar a sus crías, lo que reduce drásticamente las posibilidades de supervivencia de los pequeños.
Para especies con baja tasa reproductiva, como el puercoespín norteamericano, el impacto es mayor. Tobin indica que si una madre se asusta y escapa, puede dejar a sus crías indefensas durante mucho tiempo, lo que aumenta el riesgo de muerte por depredación o inanición y retrasa la capacidad reproductiva de la especie durante un año entero.
El periodo de fuegos artificiales coincide además con la etapa en que muchas crías de mamíferos y reptiles empiezan a recorrer el entorno por primera vez, incrementando las posibilidades de accidentes y lesiones.
Frente a los riesgos documentados, algunas ciudades han comenzado a sustituir los espectáculos de fuegos artificiales por exhibiciones de drones iluminados. Estas alternativas reducen tanto el ruido como la contaminación, y eliminan el peligro de incendios forestales.
Sin embargo, los especialistas advierten que el zumbido de los drones, aunque más limitado en frecuencia, podría afectar a especies sensibles como las gaviotas, ya que su rango auditivo coincide con los sonidos que emiten estos dispositivos.
Lewis recomienda evitar el uso de fuegos artificiales en las cercanías de bosques, humedales, zonas de anidación, parques estatales o nacionales y reservas naturales. Subraya la importancia de mantener una distancia mínima de un kilómetro y medio (una milla) respecto de estos lugares, especialmente durante la primavera y el verano, cuando muchas especies se encuentran en etapa de reproducción o crianza.
