Política

Perú no debe convertirse en satélite de ninguna potencia

La presidenta tiene derecho a reunirse con otros jefes de Estado. El problema no está en las fotografías, sino en los compromisos que puedan asumirse en nombre del Perú.

La presidenta Keiko Fujimori, como representante del Estado peruano, tiene todo el derecho y también la responsabilidad de reunirse con otros jefes de Estado. Si viaja a Estados Unidos y participa en reuniones con Donald Trump, o si busca conversar con el presidente chino Xi Jinping, no habría nada que objetar en principio.

La diplomacia existe precisamente para eso: para conversar, abrir puertas, buscar acuerdos y defender los intereses nacionales.

El problema no está en reunirse.

El problema está en qué se conversa, qué se compromete y desde qué posición se representa al Perú.

En un mundo cada vez más dividido, donde Estados Unidos, China, Rusia y otras potencias disputan influencia económica, política, tecnológica y militar, el Perú no puede darse el lujo de actuar como una pieza subordinada de cualquiera de esos bloques.

Nuestro país necesita relacionarse con todos, pero no depender políticamente de ninguno.

Necesitamos a Estados Unidos, pero también necesitamos mantener y fortalecer nuestras relaciones con China, Japón, Europa y América Latina. Necesitamos inversiones, mercados, tecnología, cooperación y oportunidades para nuestros ciudadanos.

Por eso, la política exterior peruana no puede estar determinada por simpatías personales, afinidades ideológicas o cercanías partidarias del gobierno de turno.

Las fotografías no son política exterior

Una reunión con un presidente poderoso puede generar titulares. Una invitación a una cena protocolar puede producir reconocimiento internacional. Una fotografía junto a un líder mundial puede ser utilizada políticamente.

Pero la política exterior no se mide por fotografías.

Se mide por resultados.

La pregunta que debería hacerse el país es qué obtiene el Perú de cada reunión y de cada acuerdo:

  • ¿Se abren nuevos mercados para nuestros productos?

  • ¿Llegan inversiones transparentes y beneficiosas?

  • ¿Se obtiene transferencia tecnológica?

  • ¿Se fortalecen las posibilidades de desarrollo?

  • ¿Se consigue cooperación para enfrentar la inseguridad?

  • ¿Se protegen nuestros recursos naturales?

  • ¿Se beneficia a las pequeñas y medianas empresas?

  • ¿Se respeta la soberanía y la capacidad de decisión del Estado peruano?

El Perú no necesita ser un país que busca agradar a las grandes potencias. Necesita ser un país que sabe negociar con ellas.

El peligro de las simpatías ideológicas

Un presidente puede admirar a un líder extranjero. Puede compartir su discurso, su ideología o su visión del mundo. Pero esa afinidad no debe convertirse automáticamente en la política exterior del Estado.

Los intereses de Estados Unidos no son necesariamente los mismos que los del Perú.

Tampoco los intereses de China, Rusia, Japón o cualquier otra potencia coinciden siempre con los nuestros.

Cada país defiende sus propios intereses económicos, políticos y estratégicos. El Perú debe hacer exactamente lo mismo.

Esto no significa romper relaciones con nadie ni encerrarnos en un nacionalismo aislacionista. Significa mantener nuestra autonomía y actuar con inteligencia.

Ser amigo de todos no significa ser subordinado de nadie.

Equidistancia no significa indiferencia

Mantener una política exterior equilibrada no quiere decir ser indiferentes ante los problemas del mundo. El Perú debe defender la democracia, los derechos humanos, la soberanía de los pueblos, la solución pacífica de las controversias y el respeto al derecho internacional.

Pero esos principios deben aplicarse de manera coherente.

No se puede condenar una conducta cuando la realiza un gobierno considerado enemigo y justificarla cuando la realiza un gobierno amigo.

La política exterior no puede ser oportunista.

El Perú debe tener la capacidad de decir sí cuando un acuerdo beneficia al país, pero también decir no cuando una exigencia extranjera afecta nuestra economía, nuestros recursos o nuestra soberanía.

Una política exterior al servicio del país

La apertura internacional anunciada por la presidenta puede ser positiva si responde a una estrategia nacional y no a una agenda personal o partidaria.

El Perú necesita diversificar sus mercados y evitar una dependencia excesiva de una sola potencia.

La diversificación también es una forma de soberanía.

Un país que comercia con diferentes mercados, recibe inversiones de distintas fuentes y mantiene relaciones con varios bloques tiene mayor capacidad de negociación.

En cambio, un país que se alinea ciegamente con una sola potencia queda expuesto a presiones y condicionamientos.

Además, la política exterior no puede limitarse a las grandes ceremonias internacionales. Debe servir también a los agricultores, trabajadores, emprendedores, pequeñas empresas y regiones del país.

Una buena relación internacional debe traducirse en empleo, inversión productiva, tecnología, exportaciones y mejores oportunidades para los peruanos.

El Congreso y la ciudadanía deben vigilar

La política exterior no puede ser un asunto reservado únicamente a Palacio de Gobierno y a la Cancillería.

El Congreso debe ejercer sus funciones de control. La Cancillería debe informar con transparencia. Y la ciudadanía debe conocer qué compromisos se están negociando en su nombre.

Los peruanos tienen derecho a saber:

  • Qué acuerdos se firman con las potencias.

  • Qué obligaciones asume el Estado.

  • Qué beneficios concretos recibirá el país.

  • Qué posición adopta el gobierno frente a los conflictos internacionales.

  • Si las decisiones responden a intereses nacionales o a afinidades políticas.

No basta con decir que una reunión fue “muy importante” o que una invitación fue “recibida con agrado”.

El país necesita conocer los resultados y las consecuencias.

Ni subordinación ni aislamiento

Desde Mudo Social consideramos que la presidenta debe representar al Perú en los foros internacionales, reunirse con otros jefes de Estado y buscar acuerdos que contribuyan al desarrollo nacional.

Pero esa representación debe ejercerse con una verdadera visión de Estado.

El Perú no puede convertirse en instrumento de ninguna disputa ideológica internacional. Tampoco debe alinearse automáticamente con una potencia por razones personales, partidarias o subjetivas.

Debemos relacionarnos con Estados Unidos sin romper con China. Fortalecer nuestros vínculos con Japón, Europa y América Latina. Buscar inversiones sin entregar nuestra autonomía. Defender nuestros intereses comerciales, económicos y estratégicos sin aceptar tutelas externas.

La presidenta representa al Perú, no a una corriente ideológica extranjera.

Y la Cancillería representa al Estado peruano, no a los intereses particulares del gobierno de turno.

Los peruanos debemos estar atentos para que ninguna simpatía política termine comprometiendo nuestra soberanía, nuestros recursos o nuestras oportunidades de desarrollo.

Porque en el escenario internacional no existen amistades gratuitas.

Existen intereses.

Y el primer interés que debe defender un gobierno peruano es el interés del Perú.

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