Política

Los trenes de López Aliaga: más allá de la donación, ¿vale la pena la apuesta?

Rafael Rey pone sobre la mesa lo que muchos prefieren callar: antes de seguir gastando, Lima necesita saber si el proyecto es técnica y económicamente viable

Hay declaraciones que incomodan porque obligan a mirar aquello que muchos prefieren no mirar. Las recientes afirmaciones del ministro de Transportes y Comunicaciones, Rafael Rey, sobre los trenes traídos de California para la proyectada ruta Lima-Chosica pertenecen a esa categoría.

Rey ha sostenido que los trenes de Caltrain no fueron exactamente una donación, sino una adquisición realizada por la Municipalidad de Lima, por la cual se pagaron millones de dólares. La afirmación ha provocado la inmediata reacción del exalcalde Rafael López Aliaga, quien sostiene lo contrario y afirma que se trató de una donación con cargo, en la que Lima debía asumir los costos de traslado y otras obligaciones.

En realidad, hay un elemento que permite salir de la discusión política: el propio Concejo Metropolitano aprobó en abril de 2025 un acuerdo aceptando formalmente la donación de 93 vagones, 20 locomotoras y repuestos de Caltrain, valorizados en S/ 822,8 millones. El mismo documento municipal precisa que se trataba de una donación con cargo, es decir, que Lima debía asumir determinadas obligaciones y costos asociados.

Por eso, la discusión sobre si fue «donación» o «compra» debe resolverse con documentos, no con declaraciones políticas.

Pero existe una pregunta mucho más importante que esa disputa semántica:

¿Vale realmente la pena seguir destinando recursos públicos a poner en funcionamiento estos trenes?

Y en este punto, las declaraciones de Rafael Rey adquieren una importancia que va mucho más allá de la controversia con López Aliaga.

Rey está diciendo lo que muchos no quieren decir

El ministro ha advertido que poner en funcionamiento un tren de pasajeros entre Lima y Chosica no consiste simplemente en colocar las locomotoras sobre los rieles y comenzar a transportar pasajeros.

Se requiere infraestructura adecuada, velocidades competitivas, condiciones de seguridad y una evaluación económica que determine cuánto costará mantener el servicio.

Y eso es precisamente lo que debe discutirse.

Porque durante meses el debate público estuvo concentrado en la llegada de los trenes, en las ceremonias, en las fotografías y en la expectativa política que generó la iniciativa.

Pero una cosa es traer trenes y otra muy distinta es tener un sistema ferroviario funcionando.

Ya en marzo de 2025, ProInversión estimaba que la ampliación y modernización del Ferrocarril Central para permitir el transporte de pasajeros entre Lima y Chosica requeriría una inversión superior a los US$500 millones.

Ese dato debería haber sido suficiente para entender que la donación de los trenes era apenas el comienzo del problema.

Los trenes pueden ser una oportunidad… o convertirse en otro elefante blanco

No hay que cometer el error de rechazar automáticamente los trenes porque fueron fabricados hace décadas.

Tampoco hay que aceptar automáticamente que son una solución solamente porque fueron presentados como una gran donación.

La pregunta correcta es técnica:

¿Cuál es el costo total de convertir esos trenes en un sistema moderno, seguro y competitivo para Lima?

El material ferroviario tiene un valor importante. La propia Municipalidad lo valorizó en más de S/ 822 millones.

Pero ese valor patrimonial no significa que el servicio pueda operar con una inversión equivalente a cero.

Hay que considerar la infraestructura ferroviaria, estaciones, señalización, seguridad, sistemas de control, mantenimiento, adecuación de los trenes, talleres, personal, seguros, operación y, eventualmente, subsidios.

Y existe otro elemento que el propio Rey ha puesto sobre la mesa: si se quiere establecer una tarifa social, el Estado podría terminar garantizando ingresos mínimos al operador.

Entonces, la pregunta vuelve a ser inevitable:

¿Cuánto terminará pagando el Estado peruano por cada pasajero transportado?

El problema no es que Rey critique; el problema sería que nadie pregunte

En un país acostumbrado a que los proyectos públicos se conviertan rápidamente en banderas políticas, resulta saludable que un ministro diga públicamente: primero hagamos los estudios y determinemos si esto es viable.

Eso no significa estar en contra del tren.

Todo lo contrario.

Significa tomarse el proyecto en serio.

El transporte ferroviario puede ser una de las grandes soluciones para Lima. Una ciudad que soporta diariamente enormes niveles de congestión necesita transporte masivo, rápido, seguro y previsible.

El propio Ministerio de Transportes ha señalado que el verdadero desafío de Lima está en construir una red eficiente de transporte masivo y avanzar en proyectos como las líneas 2, 3, 4, 5 y 6 del Metro.

Por eso resulta razonable preguntarse si el tren Lima-Chosica debe ser evaluado dentro de una estrategia integral de transporte metropolitano y no como una obra aislada.

¿Cuánto cuesta realmente la apuesta?

Aquí está el punto donde las autoridades deben dejar de lado la política y presentar números.

Lima ya gastó dinero para trasladar el material ferroviario desde Estados Unidos. En marzo de 2025, el propio Concejo Metropolitano informó que el costo estimado del traslado era de aproximadamente US$7,95 millones.

Pero ese fue solamente uno de los costos.

Ahora viene la parte más difícil: hacer que los trenes funcionen.

Y allí es donde debería existir una evaluación pública que responda, como mínimo:

  • ¿Cuánto costará adecuar las locomotoras y vagones?
  • ¿Cuánto costará mejorar la vía férrea?
  • ¿Qué obras de infraestructura serán necesarias?
  • ¿Cuánto costará la señalización y seguridad?
  • ¿Cuál será el costo anual de operación y mantenimiento?
  • ¿Cuántos pasajeros realmente utilizarán el servicio?
  • ¿Cuál será la tarifa?
  • ¿Cuánto subsidio deberá asumir el Estado?
  • ¿Cuál será el costo por pasajero transportado?
  • ¿Cuánto tiempo demorará recuperar la inversión?

Sin estas respuestas, hablar de una gran solución para Lima resulta prematuro.

La política electoral tampoco puede sustituir a la ingeniería

Este es quizás el aspecto más delicado.

No sería justo afirmar, sin pruebas, que todo el proyecto fue concebido únicamente con fines electorales. Pero tampoco sería ingenuo desconocer que la llegada de los trenes fue utilizada políticamente y que López Aliaga convirtió el proyecto en uno de los símbolos más visibles de su gestión municipal.

Y allí está el peligro.

Las obras públicas no pueden diseñarse pensando primero en las elecciones y después en la ingeniería.

Una ciudad como Lima no puede permitirse que cada administración llegue con su propia obra emblemática, la anuncie como solución definitiva y deje la factura para la siguiente gestión.

El transporte de Lima necesita continuidad de Estado, no proyectos de campaña.

Si el tren Lima-Chosica es técnicamente viable, debe hacerse.

Si no lo es, debe decirse.

Si necesita US$500 millones, hay que explicarlo.

Si necesita más, también.

Y si finalmente se demuestra que el proyecto es demasiado costoso frente a los beneficios que generará, habrá que tener el valor de detenerlo o replantearlo.

Eso también es gobernar.

Rafael Rey tiene razón en exigir estudios

Por eso, más allá de la discusión personal entre Rey y López Aliaga, hay que reconocer que el ministro está poniendo sobre la mesa una preocupación legítima.

Rey ha señalado que ProInversión viene evaluando la viabilidad técnica y financiera del proyecto para evitar que los trenes terminen inutilizados.

Esa debería ser la prioridad.

Porque lo peor que podría suceder no es que Rey tenga razón.

Lo peor sería que nadie tenga razón y que Lima termine con cientos de millones de soles en material ferroviario estacionado, deteriorándose mientras los ciudadanos continúan atrapados durante horas en la Carretera Central.

No basta con recibir los trenes: hay que demostrar que sirven

La historia de los trenes Lima-Chosica todavía no está terminada.

Y quizá esta controversia sea una oportunidad para comenzar a discutirla con mayor seriedad.

La Municipalidad de Lima debe entregar toda la documentación.

El MTC debe explicar sus observaciones técnicas.

ProInversión debe publicar los resultados de sus evaluaciones.

Y el Gobierno debe determinar, con números y no con discursos, cuánto está dispuesto a invertir.

Pero sobre todo, debe existir una evaluación independiente que permita responder una pregunta sencilla:

¿El tren Lima-Chosica es realmente la mejor inversión posible para resolver el problema de transporte del este de Lima?

Si la respuesta es sí, entonces habrá que poner todos los recursos necesarios para hacerlo realidad.

Si la respuesta es no, cuanto antes se sepa, mejor.

Porque los trenes ya están en Lima.

Ahora hay que decidir si tenemos un proyecto ferroviario viable o simplemente un enorme patrimonio público esperando una solución.

Y esa decisión no puede tomarla una campaña electoral.

Debe tomarla la técnica, la economía y, finalmente, el interés de millones de limeños.

En esta discusión, no corresponde estar con López Aliaga ni contra López Aliaga. Tampoco con Rey ni contra Rey.

Corresponde estar con Lima.

Y si Rafael Rey está diciendo en voz alta lo que muchos funcionarios prefieren callar —que antes de seguir comprometiendo dinero público hay que saber si el proyecto realmente funciona—, entonces su posición merece ser escuchada.

Porque la ciudad ya ha recibido los trenes. Lo que todavía no ha recibido es la certeza de que valía la pena traerlos.

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