Política

Óscar Ugarteche: el economista que nunca dejó de pensar en el Perú

Con la muerte de Óscar Ugarteche Galarza, a los 76 años, el Perú pierde a uno de sus intelectuales más influyentes y a una de las voces más constantes del debate económico, político y social de las últimas décadas.

Más allá de las coincidencias o discrepancias que muchos pudieron tener con sus planteamientos, existe un mérito que nadie puede negarle: nunca fue un espectador de la realidad nacional. Participó activamente en la discusión de las grandes transformaciones económicas de América Latina, cuestionó los modelos de desarrollo que consideraba excluyentes y defendió con firmeza sus convicciones, siempre desde el ámbito académico y el debate de las ideas.

Su trayectoria como economista lo llevó a convertirse en un referente internacional. Investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), especialista en economía internacional, deuda externa e integración regional, dedicó buena parte de su vida a analizar las relaciones económicas entre América Latina y el resto del mundo, aportando una mirada crítica sobre el funcionamiento del sistema financiero internacional y sus efectos en los países en desarrollo.

Pero la historia de Óscar Ugarteche no puede entenderse únicamente desde la economía.

También fue uno de los protagonistas de una transformación social que marcó la historia contemporánea del Perú. En 1982 fue cofundador del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL), organización pionera en la defensa de los derechos de la comunidad LGTBIQ+ y considerada la más antigua de América Latina en funcionamiento.

En una época en la que la discriminación era abierta y las libertades individuales encontraban enormes barreras, Ugarteche decidió dar un paso al frente. Lo hizo cuando defender la igualdad implicaba enfrentar prejuicios sociales, políticos e incluso legales.

Su lucha contribuyó a que la diversidad dejara de ser un tema invisible para convertirse, con el paso de los años, en parte del debate público nacional. Independientemente de las posiciones que cada ciudadano pueda tener sobre estos asuntos, resulta innegable que ayudó a abrir espacios de diálogo y a impulsar el reconocimiento de derechos para un sector históricamente marginado.

Su batalla judicial para que el Estado peruano reconociera su matrimonio celebrado en México también simbolizó esa búsqueda permanente de igualdad ante la ley. Más allá del resultado del proceso, su caso impulsó una discusión jurídica y constitucional que continúa vigente en el país.

Los intelectuales cumplen una función esencial en toda democracia: incomodan, cuestionan, proponen y obligan a la sociedad a reflexionar. Óscar Ugarteche asumió ese papel durante toda su vida. Nunca buscó la comodidad del silencio ni la neutralidad frente a los problemas nacionales.

En tiempos en que el debate público suele reducirse a la confrontación y al insulto, su legado recuerda la importancia del pensamiento crítico, del rigor académico y de la participación ciudadana.

El Perú necesita más personas dispuestas a debatir ideas y menos actores empeñados en descalificar a quienes piensan diferente.

Hoy corresponde rendir homenaje no solo al economista brillante, sino también al ciudadano comprometido con las causas que consideró justas. Su legado permanecerá en sus libros, en sus investigaciones, en sus alumnos, en quienes compartieron sus luchas y también en quienes, desde posiciones distintas, encontraron en él a un interlocutor serio y respetuoso.

La democracia se fortalece cuando reconoce el aporte de quienes enriquecen el debate nacional, aun cuando sus ideas generen controversia. Óscar Ugarteche fue precisamente eso: un intelectual que hizo del pensamiento crítico una forma de servir al país.

Descanse en paz.

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